Honduras continúa mostrando las tasas de pobreza más altas de América Latina.
Marcio Enrique Sierra Mejía
Por mucho que digan los del gobierno refundacional que la pobreza y la desigualdad se han reducido, Honduras continúa mostrando las tasas de pobreza más altas de América Latina. Según datos recientes, alrededor del 73% de la población vive en pobreza, y más del 50% en pobreza extrema. La desigualdad, es elevada, con un índice de Gini superior a 0.50, demostrando una alta brecha entre ricos y pobres. Prácticamente, la gobernanza castromelista socialista ha deshonrado a la sociedad al no lograr resultados convincentes en relación con la generación de empleo. La ocupación informal supera el 70% de la fuerza laboral, lo cual limita el acceso a la seguridad social y a condiciones laborales dignas. Ahora, la criminalidad continúa rondando, pero por toda Honduras, al punto que hemos vuelto a convertirnos en uno de los países mas violentos del mundo, con una tasa de homicidios que, aunque ha disminuido en el ultimo quinquenio, sigue siendo elevada (alrededor de 35-40 homicidios por cada 100,000 habitantes). Las maras, el narcotráfico y la impunidad abonan la inseguridad que sobreabunda en nuestro país. Y el temor se manifiesta en la población afectando la libertad de movimiento y la calidad de vida.
A todo lo anterior, se suma el deficiente y limitado acceso al sistema de salud. Hay escasez de medicamentos, falta de personal médico y una mala infraestructura hospitalaria. No han logrado combatir efectivamente las enfermedades transmisibles, como el dengue, que sigue siendo un notable problema de salud pública. Igualmente, el sistema educativo tiene una calidad deficiente que se hace evidente en la deserción escolar y en los bajos niveles de escolaridad. Muchos de los niños y de los jóvenes hondureños no solo reflejan una educación pésima, sino que también, ven en salir migrando una oportunidad para mejorar su condición económica o alcanzar mejores oportunidades de desarrollo.
Por otra parte, el gobierno refundacional busca, a través de campañas mediáticas, hacernos creer que han logrado óptimos resultados en el desarrollo de la infraestructura y los servicios públicos. Sin embargo, una gran mayoría de nuestra población vive en condiciones precarias, con accesos deficientes a agua potable, saneamiento y electricidad. La infraestructura vial sigue siendo deficiente, la mayoría de las carreteras están en mal estado y en el transporte público se ha aumentado la inseguridad y la ineficiencia.
No hay tal mejoría en relación con la corrupción y el desarrollo institucional. Hoy en día, la corrupción se ha generalizado en el gobierno y se ha deteriorado la prestación de los servicios públicos, los que han caído en altos niveles de politización (caso de la Secretaría de Planificación, que la han convertido en tanque de pensamiento político y defensa de la ideología refundacional marxista). La refundación marxista institucional más bien contribuye a reducir la confianza en las instituciones y a limitar las oportunidades de progreso social, económico y cultural.
En fin, la calidad de vida en Honduras, se ha deteriorado porque la pobreza aumenta realmente, la desigualdad igualmente, la violencia ahora se ha expandido en todos los 18 departamentos y la corrupción ha dejado de ser solapada y ahora es vergonzosamente manifiesta. Los demagogos esfuerzos en los sectores de la salud y la seguridad, es falso que contribuyen a superar los desafíos estructurales que tenemos.





