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Koriun: ¡Estafa Ponzi catracha!

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5 junio 2025 – 12:03 AM

Oscar Lanza Rosales 

Carlo Ponzi fue un inmigrante italiano que llegó a Estados Unidos (EU) en los años 1900. En 1920, se hizo célebre al ejecutar uno de los fraudes financieros más notables de la historia. Prometía retornos del 50% en 45 días o del 100% en 90 días, atrayendo a miles de pequeños inversionistas que, frente a la hiperinflación, no sabían qué hacer con su dinero. Cumplía sus promesas utilizando los fondos de nuevos inversionistas o la reinversión de los anteriores. Recaudó tanto que el dinero ya no cabía en bancos ni cajas fuertes: terminaba almacenado en armarios, cajones e incluso botes de basura.

El fraude colapsó tras una investigación del periódico Boston Post. Ponzi fue arrestado, deportado a Italia y murió en la ruina. Desde entonces, este tipo de fraude lleva su nombre, aunque se sabe que ya existía desde la Edad Media y que Charles Dickens lo retrató en algunas de sus novelas.

Un esquema Ponzi se caracteriza por promesas de retornos elevados sin riesgo, falta de información sobre cómo se generan las ganancias, dificultad para retirar fondos, falsificación de estados financieros, y ausencia de supervisión. Al principio puede parecer una inversión legítima, pero termina colapsando cuando se agota el ingreso de nuevos participantes. Como dice el autor Fabio Cres: es «quitarle el dinero a los incautos».

Es importante diferenciarlo del esquema piramidal, donde cada participante debe reclutar a otros para obtener ganancias, y de las burbujas económicas, que se basan en especulación, pero no necesariamente en fraude.

Los casos más conocidos del “Esquema Ponzi” del siglo XXI incluyen a Bernard Madoff en EU, quien defraudó más de 64 mil millones de dólares y fue condenado a 150 años de prisión. Madoff sedujo hasta millonarios y gente educada; Allen Stanford (2009), con certificados de depósito falsos y una condena de 110 años; y otros como Tom Petters, Scott Rothstein, Marc Dreier y Paul Burks. También se han registrado fraudes similares en Alemania, Suiza y Rumania.

En América Latina no estamos exentos. El “Telar de la Abundancia” en Colombia y Pietra Verdi en Costa Rica afectaron a miles de personas. Los patrones se repiten: promesas irreales, manipulación emocional, uso de redes sociales para captar víctimas y ausencia de regulación oportuna. En estos países, la respuesta estatal fue tardía y débil, dejando impunidad y desconfianza.

A diferencia de muchos países desarrollados, en América Latina rara vez se aplica la justicia con el rigor que estos fraudes merecen: prisión, multas, devolución de fondos y la inhabilitación de los responsables. Esa debe ser la ruta a seguir en Honduras en el caso de Koriun Inversiones, cuya lista de socios aún no sido revelada.

El gobierno de Honduras no debe prometer indemnizaciones con fondos públicos -como ha sugerido cubrir con 5,504 millones de lempiras a los 35 mil afectados– cuando apenas ha recuperado unos 500 millones. Lo que sí debe hacer es buscar y enjuiciar a los responsables. Entre ellos, destaca Iván Velásquez, administrador de Koriun, hoy preso y pieza clave para esclarecer el fraude.

La experiencia hondureña con más de 20 bancos y financieras quebradas en el siglo XX -muchas bajo esquemas similares- demuestra que el camino es otro: integrar una comisión liquidadora, posiblemente desde la Comisión Nacional de Banca y Seguros, para distribuir lo recuperado con criterios justos a los más afectados, aunque será difícil sin registros contables confiables, y a los inversores que hayan obtenido ganancias extraordinarias, el fisco debe obligarlos a pagar su tributo.

Comparto la posición del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), que rechaza el uso de fondos del Estado para indemnizar a los perjudicados, señalando que se trata de un conflicto entre particulares. En su reciente comunicado, el COHEP denunció la pasividad del Estado, exigió sanciones penales a los responsables y recordó que ya existen leyes para castigar estos delitos. También advirtió que usar fondos públicos violaría principios constitucionales y sentaría un precedente peligroso.

Honduras no debe repetir los errores de Colombia o Costa Rica. Es urgente actuar con firmeza y transparencia, sancionar a los culpables, proteger a los ciudadanos y fortalecer la regulación y educación financiera.

En conclusión, el esquema Ponzi es un fraude frecuente en la historia financiera global. Se disfraza, muta, se actualiza, pero siempre deja víctimas. Sin embargo, siempre da señales. Este esquema es un recordatorio permanente de que, si una inversión promete rendimientos extraordinarios sin riesgo alguno, probablemente se trata de una estafa. Koriun lo confirma.

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