Tegucigalpa, Honduras – En los últimos tres años, Honduras ha experimentado una crisis energética sostenida que ha dejado profundas consecuencias en la vida cotidiana de los ciudadanos y en la economía nacional. Entre 2022 y 2024, el país enfrentó un total de 34,504 apagones eléctricos, siendo el 2024 el año con la mayor cantidad de interrupciones del servicio, con 13,904 racionamientos registrados en distintas zonas del país, según datos oficiales del sector energético.
Pérdidas millonarias y hogares afectados
Los apagones registrados entre 2022 y 2024 provocaron pérdidas económicas estimadas en $14.42 millones, una cifra que representa solo una parte del impacto real, ya que muchos daños en hogares y pequeñas empresas no son reportados ni compensados.
El costo no solo se mide en términos económicos. Las constantes interrupciones han afectado actividades esenciales como la refrigeración de alimentos, el funcionamiento de centros médicos, el acceso a servicios educativos en línea y la operatividad de pequeñas y medianas empresas que dependen del suministro eléctrico.
En barrios populares de Tegucigalpa, San Pedro Sula, La Ceiba y Choluteca, las quejas son reiteradas. «Aquí se va la luz casi todos los días, por horas. Ya se me arruinó el televisor, una licuadora y el refrigerador no enfría bien», relata doña María Lourdes, una vecina del sector de La Era, en Tegucigalpa.
Electrodomésticos arruinados: más que cifras
Aunque no existe una base de datos nacional que contabilice oficialmente los enseres dañados por los apagones, estimaciones de organizaciones de consumidores, como la Asociación para la Defensa de los Usuarios de Energía Eléctrica en Honduras (ADUEH), calculan que al menos 200,000 aparatos eléctricos han resultado dañados en los últimos tres años.
Entre los más afectados se encuentran refrigeradoras, televisores, aires acondicionados, microondas, computadoras, routers de internet, estufas eléctricas y lavadoras. Los cortes repentinos de electricidad, seguidos de picos de voltaje al restablecerse el servicio, provocan daños que muchas familias no pueden reparar ni reponer debido al alto costo de estos bienes.
El impacto en los negocios
El sector comercial y las pequeñas empresas también han sufrido las consecuencias. Restaurantes, salones de belleza, talleres mecánicos y cibercafés han tenido que adquirir plantas eléctricas o invertir en UPS y reguladores de voltaje para mitigar daños.
“Perdemos clientes, productos y tiempo. A veces se va la luz durante el almuerzo o la cena y no podemos operar. Ya se me quemaron dos hornos industriales”, comenta Elena Núñez, propietaria de un restaurante en Comayagüela.
Llamado a la responsabilidad
Mientras los hondureños siguen sufriendo los estragos de los apagones, organizaciones civiles y expertos llaman a una revisión profunda del modelo energético del país. Reclaman transparencia en los contratos, inversión en energías limpias, y sobre todo, una atención inmediata a los sectores más afectados, donde los apagones no solo dañan electrodomésticos, sino también la esperanza de vivir con dignidad.






