sábado, marzo 7, 2026

Rescatando al soldado Antonio

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César Indiano

No quiero ni imaginar qué tipo de vida colegial lleva este pobre chico llamado Luis Antonio, habría que estar en sus zapatos para saber lo que siente un muchacho al ser el hijo de un viejo barrigudo, político odioso, congresista mafioso, barba teñida, que no ha demostrado ningún tipo de decoro moral para ostentar uno de los cargos más importantes de la república: Presidente del Congreso Nacional.

Dice un refrán que uno no eligió a los parientes que tiene, por eso mismo, todos deberíamos hacer un esfuerzo para no avergonzar los apellidos. Por otra parte, si por esas cosas de la política uno acaba de magistrado, hay que hacer un esfuerzo por honrar el cargo, renunciar a la mierdera vida que uno llevaba antes; hacer un intento para cambiar de talante. En otras palabras, si ya eres el presidente de un Congreso de una República, ya no puedes ir al estadio a aporrear un bombo haciendo las del Tonto Manolo. Porque si eres una persona corriente, con tus disparates públicos avergüenzas solamente a tu familia, pero, cuando tienes un cargo de alta prestancia, avergüenzas a todo un país.

Pero, volvamos al triste caso de Luis Antonio. Supongo que debe ser un chico listo, bilingüe, soñador y educado. Él no es culpable de tener los papás que tiene, él sólo puede responder a los frívolos estímulos del hogar que habita y el colegio es muy poco lo que puede hacer por él. Conociendo los valores, doctrinas y principios que rigen las instituciones bilingües en Honduras, estoy casi seguro de que los educadores optan por no contradecir las caprichosas idioteces de los padres de familia.

En este punto, toca aclarar dos cosas. El simple ascenso económico no habilita a ninguna familia para ingresar de sopetón a las escuelas distinguidas de las familias más prósperas. Una escuela bilingüe cuida su tradición, su prestigio y su clima social, así que siempre será un grave problema para estas instituciones admitir en sus aulas a los hijos de los políticos. Las cosas feas y asquerosas que los políticos hacen en el día a día, acaban salpicando el buen nombre de un colegio. De modo, que el filtro de admisión para las escuelas privadas bilingües no es sólo un tema de dinero, es también un asunto de conducta, hábitos nobles y buenos ideales, si no, todo se jode.

La segunda cosa, es que se ha impuesto a nivel global una agenda de antivalores de obligatorio cumplimiento para todos los colegios privados y públicos del mundo; excepto en China y en Corea del Norte. Estas agendas perversas empujadas por la ONU, UNICEF y la Comisión Internacional de Derechos Humanos, obligan a que los centros educativos promuevan la homosexualidad, la inclusión y el colectivismo. Estas camisas de fuerza vienen hechas a la medida de la estupidez y la maldad que reina en este mundo, así que, como los colegios no quieren lanzar sus principios originales a la basura, optan por no chocar con las grotescas majaderías de sus clientes, que son los padres de familia.

De tal suerte que el pobre Luis Antonio está indefenso. Nadie puede hacer nada por este chico, él no comprende por qué su padre es el barrigón del bombo y por qué el modista elegido lo ha convertido en un maniquí de sus propias frivolidades. Seguramente él quería lucir un hermoso y elegante traje para el acontecimiento más importante de su juventud, pero en vez de un traje de príncipe, su familia le mandó a confeccionar un horrible disfraz de culero. Y Luego aparece la asquerosa prensa rosa, esa prensa homicida que no frena ante nada con tal de subir audiencia, esa prensa oscura que no tiene frenos ni medidas.

Mi corazón se llena de tristeza cuando veo desde la impotencia, cómo una generación de adultos enfermos (grandes hijos de puta degenerados) devoran a un pobre muchacho al que nadie le puede enseñar ninguna cosa buena. Si yo fuera su padre, tomaría a este chico de la mano y le diría, “Ven, vamos a dar un paseo por Honduras, tierra de hombres valientes y gallardos. Te voy a enseñar la historia de la patria y cómo fue levantada desde los barros por hombres y mujeres que no descansaban ni los domingos, ven, te voy a enseñar a escribir, a pensar, a descubrir la belleza de las artes y a trabajar tenazmente por tus sueños. Quítate ese disfraz y ponte este overol, porque vamos a sudar la gota gorda para que la patria no se desintegre ni en mariconadas ni en estupideces”.

Tengo enojo, pero, sé que no sirve de nada. Simplemente, al ver a millones de jóvenes sin nadie que los guíe y los instruya, quisiera robármelos o que me los regalaran. Formar con ellos un ejército y convertirlos en soldados valientes, íntegros, invencibles y bellos. Ah… Todo se desperdicia ante mis ojos, la niñez, la juventud, el talento, los sueños, la inocencia, la pureza, porque en este país de adultos degenerados, egoístas y dementes, nadie quiere cuidar ni a sus propios hijos. Tienen hijos, pero, francamente, no merecen tener ni un perro pulgoso.

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