“Entre el abandono y la enfermedad: según datos recientes presentados por el Observatorio del Derecho a la Salud del Centro de Estudio para la Democracia (Cespad).
Tegucigalpa, 15 de julio de 2025 — Honduras figura entre los países de América Latina con las tasas más altas de mortalidad por enfermedades no transmisibles, y lo hace en medio de una alarmante crisis de desabastecimiento de medicamentos en el sistema público de salud.
El informe detalla que el país tiene una de las cifras más elevadas en la región en cuanto a fallecimientos por padecimientos como la diabetes, enfermedades cardiovasculares, renales y diversos tipos de cáncer. De hecho, el promedio de muertes por enfermedades crónicas no transmisibles es de 477 por cada 100,000 habitantes, superando incluso a naciones con mayores niveles de población y mayores tasas de urbanización.
Pero lo más preocupante es que esta crisis ocurre en un entorno donde los pacientes no solo deben lidiar con enfermedades complejas, sino también con la escasez de los insumos más básicos. El mismo informe destaca que al menos el 60% de los medicamentos esenciales no están disponibles en la red de hospitales y centros de salud públicos.
Una tragedia silenciosa que cobra miles de vidas
“Es una muerte anunciada”, denunció el doctor Mario Argeñal, médico internista y coordinador de salud del Colegio Médico de Honduras. Según Argeñal, la falta de prevención y atención oportuna, junto a una red hospitalaria colapsada y sin recursos, deja a los pacientes crónicos en una situación de vulnerabilidad extrema.
“Lo que estamos viendo no es casualidad: el sistema no garantiza ni la detección temprana, ni el tratamiento adecuado, ni mucho menos el acceso sostenido a medicamentos. Eso se traduce en muertes que podrían evitarse con políticas públicas mínimamente funcionales”, explicó.
El rostro humano de la estadística
María García, paciente con insuficiencia renal crónica y residente en Comayagüela, es una de las voces que refleja la dimensión de la tragedia. “Cada mes tengo que ir a varios hospitales a ver si me dan el medicamento, y la mayoría de las veces me dicen que no hay. Entonces tengo que comprarlo yo, y no siempre puedo”, contó.
Casos como el de María se multiplican a lo largo y ancho del país. La Asociación de Pacientes Oncológicos ha advertido que cientos de personas con cáncer han tenido que suspender sus tratamientos debido a la falta de quimioterapias. También la Asociación de Hemofilia y la Asociación de Pacientes con Esclerosis Múltiple han denunciado públicamente la situación de abandono.
La carga invisible de la pobreza
El informe de Cespad también subraya que las enfermedades no transmisibles afectan en mayor medida a personas de escasos recursos, quienes difícilmente pueden financiar consultas privadas, exámenes diagnósticos o tratamientos especializados. Esto convierte la pobreza en un factor que multiplica el riesgo de muerte prematura.
“Mientras no se garantice el acceso universal y equitativo a la salud, el sistema continuará favoreciendo la muerte en lugar de la vida”, afirmó Saúl Bueso, investigador del Observatorio del Derecho a la Salud. “Estamos ante una política de indiferencia sistemática del Estado”, agregó.
Instituciones sin respuesta
Organismos como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) han pedido al gobierno hondureño priorizar la atención a enfermedades no transmisibles como un derecho humano esencial. No obstante, hasta el momento no hay una estrategia nacional concreta ni recursos suficientes destinados a este problema.
Conclusión: una emergencia ignorada
El drama de las enfermedades no transmisibles en Honduras no se mide únicamente en estadísticas, sino en vidas truncadas, familias endeudadas y hospitales sin herramientas. La crisis de salud es más profunda de lo que los informes oficiales suelen admitir, y se desarrolla en silencio, sin grandes titulares, pero con consecuencias devastadoras para miles de hondureños.





