Tegucigalpa, Honduras. — La amenaza del dengue vuelve a golpear con fuerza a la población hondureña en 2025. Hasta la tercera semana de julio, se han reportado más de 10,000 casos confirmados de esta enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti, y cuatro personas han fallecido, según datos preliminares del sistema sanitario nacional.
El impacto en la población sigue siendo preocupante. El virus ha afectado en su mayoría a jóvenes y niños, un patrón similar al de años anteriores, aunque con una menor tasa de hospitalización. No obstante, la opacidad del manejo oficial de la información ha generado más preguntas que respuestas, especialmente en torno al número real de muertes y la fallida llegada de vacunas.
¿Qué pasó con las vacunas prometidas?
En 2023, tras las primeras alertas epidemiológicas por el aumento sostenido de casos de dengue grave, el Gobierno de Honduras anunció su intención de adquirir dosis de la vacuna QDENGA, desarrollada por el laboratorio japonés Takeda y aprobada por la OMS para países endémicos como Honduras. Incluso se habló de acuerdos bilaterales y gestiones con la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para su pronta llegada.
Sin embargo, en 2024 y lo que va de 2025, el tema desapareció del discurso oficial. No se aplicó ni una sola vacuna a la población general, ni se ejecutaron campañas de inmunización en centros escolares o comunidades de alto riesgo. El silencio de las autoridades sanitarias ha despertado dudas en la ciudadanía.
“¿Dónde están las vacunas? Nos prometieron un escudo contra el dengue, pero nunca llegaron”, expresó indignada Maribel Gómez, madre de dos niños que contrajeron la enfermedad este año en la colonia Villa Adela, en Comayagüela.
La Secretaría de Salud no ha emitido un informe oficial explicando si hubo retrasos logísticos, falta de fondos, o decisiones políticas que impidieron la adquisición del biológico. Las pocas declaraciones públicas se han limitado a promover medidas preventivas como la eliminación de criaderos y el uso de mosquiteros.
Muertes “no confirmadas”: una constante sin explicación
A pesar de los cuatro decesos reportados este año, el país continúa con la práctica de no confirmar oficialmente muchas de las muertes sospechosas por dengue, lo que genera una brecha en la transparencia de los datos epidemiológicos.
Familiares de víctimas relatan cómo sus seres queridos llegaron a los hospitales con síntomas clásicos del dengue hemorrágico y fallecieron horas después, sin que sus casos fueran contabilizados como muertes por dengue.
“Mi sobrino murió en abril con sangrado y fiebre alta. El hospital dijo que probablemente era dengue, pero luego nos dijeron que no estaba confirmado y no lo incluyeron en las estadísticas”, denunció Óscar Rivera, residente en Choluteca.
Expertos en salud pública como la doctora Claudia López, infectóloga del Hospital Escuela, señalan que la falta de confirmación de muertes por dengue obedece a criterios técnicos rigurosos.
“No podemos dar por muerto por dengue a alguien solo por síntomas clínicos, pero también debemos aceptar que el subregistro es alto. Muchas muertes sí tienen toda la sintomatología, explicó López.
Un sistema de salud rebasado y sin reacción integral
El aumento sostenido de casos de dengue ha vuelto a poner en jaque al sistema sanitario público, que arrastra deficiencias crónicas en infraestructura, personal médico, abasto de medicamentos y capacidad de respuesta epidemiológica.
En zonas como San Pedro Sula, Choloma, Danlí y Tegucigalpa, los hospitales han registrado picos de ingresos por fiebre, dolor de cabeza y vómitos, síntomas que, en muchos casos, terminan siendo diagnósticos positivos de dengue clásico o dengue grave.
“Estamos viendo 30 a 40 casos sospechosos por día. Hay áreas pediátricas saturadas y muchas familias están tratando de tratarse en casa por miedo a ir a los hospitales”, afirmó un médico general del hospital Mario Catarino Rivas, quien pidió el anonimato.
Un llamado a la prevención… sin respaldo estructural
Mientras tanto, la campaña oficial del gobierno sigue siendo la misma de los últimos años: “lava, tapa y elimina criaderos”. Sin embargo, en zonas con deficiente acceso a agua potable, recolección de basura y control ambiental, la población no tiene cómo aplicar esas recomendaciones.
El gobierno no ha lanzado una campaña masiva y sostenida de fumigación ni ha incrementado el presupuesto de vigilancia epidemiológica. La lucha contra el dengue recae, una vez más, en una ciudadanía desinformada, desprotegida y frustrada.
¿Y ahora qué?
El país enfrenta un escenario repetido: una epidemia que se propaga cada año con mayor intensidad, un gobierno que promete pero no cumple, y una sociedad que paga con su salud y, en algunos casos, con la vida.
Sin vacunas, sin estadísticas claras y con una vigilancia deficiente, el dengue sigue siendo una epidemia mal gestionada en Honduras, que se cobra vidas cada año mientras las autoridades optan por el silencio o la evasión.
Los expertos insisten en que la única salida es una política pública de salud integral, que combine prevención real, acceso a vacunas, diagnósticos oportunos, y sobre todo, una rendición de cuentas transparente ante cada brote epidémico.





