Pregúntale a tu vecino o colega cuáles son los mayores problemas de su país, y es probable que en la respuesta oigas una palabra conocida: corrupción. Pero, ¿es toda corrupción igual de dañina?
Esta cuestión ocupa a especialistas como Mark Wolf, un juez de Estados Unidos que logró reconocimientos del gobierno y la prensa por haber supervisado diversos casos de corrupción en el distrito de Massachusetts.
Wolf, que también es profesor de la Universidad de Harvard y encabeza la ONG Iniciativas de Integridad Internacional, asegura que hay distintas formas de corrupción, con impacto desigual en la vida de la gente común.
Una es la llamada corrupción «menor», a la cual ciudadanos de muchos países se enfrentan a diario, por ejemplo con exigencias de pagos de la policía o para obtener servicios públicos.
Sin embargo, Wolf advierte que también existe la «gran corrupción», que es el abuso de un cargo público para beneficio privado por parte de los líderes de una nación.
«Una excepción»
Los expertos sostienen que el Lava Jato también exhibió la importancia de las instituciones judiciales independientes para combatir a los cleptócratas.
La gran corrupción tiene su caldo de cultivo en países donde los gobernantes controlan a la justicia, los fiscales y la policía para evitar que actúen en contra de sus intereses.
Esto ocurre sobre todo en regiones en vía de desarrollo, pero algunos advierten que naciones ricas mantienen centros financieros atractivos para enviar fondos de la gran corrupción.
«Países del Caribe, algunas jurisdicciones de Estados Unidos o aquí en Europa tenemos países considerados paraísos fiscales que claramente tienen un rol en todo este juego», dice Torchiaro.
El juez Wolf señala que el Lava Jato y las investigaciones sobre Odebrecht son «una excepción en América Latina y alrededor del mundo».

A su entender, es necesario crear una Corte Internacional Anticorrupción, a imagen y semejanza de la Corte Penal Internacional, para juzgar a líderes corruptos que eludan las leyes de sus países contra sobornos, lavado de dinero y otros delitos.
El primer presidente en apoyar esta idea hace un año fue el colombiano Juan Manuel Santos, cuya campaña de reelección en 2014 —al igual que la de su rival en esa ocasión— se ha visto salpicada por denuncias de que recibió aportes de Odebrecht.
Pero la idea de una corte global anticorrupción parece lejos de reunir consenso internacional y Wolf descarta incluso que sea apoyada por EE.UU., al menos bajo la actual presidencia de Donald Trump.
El juez cree que el impulso debería provenir de regiones como América Latina o África, que sufren especialmente la gran corrupción.
Pero se dice decepcionado de que en la Cumbre de las Américas celebrada en abril en Perú —que tuvo la corrupción como tema central y concluyó con un «compromiso» sobre el tema de parte de los gobernantes asistentes— tampoco se discutieron propuestas como la creación de una corte regional anticorrupción.

«Pero debido a que tiene un monitoreo débil, y a que las obligaciones de los países bajo esa convención no se hacen cumplir, no tuvo impacto», sostiene. «Y me preocupa que el compromiso asumido en la Cumbre (de las Américas) no se convierta en realidad».





