TPS: El panorama podría cambiar según las elecciones generales en Honduras y la relación del nuevo gobierno con Washington.
Por Redacción Especial | 7 de julio de 2025
Estados Unidos mantiene en la incertidumbre a más de 50 mil hondureños beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS), un amparo migratorio que les ha permitido residir y trabajar legalmente por décadas, pero que hoy se tambalea entre la indiferencia política y el juego de intereses geopolíticos. A pesar de no haber un pronunciamiento oficial sobre su renovación, se ha activado automáticamente una prórroga de seis meses, extendiendo su vigencia hasta enero de 2026. Sin embargo, para los tepesianos y sus familias, el silencio no representa alivio, sino zozobra.
Una espera angustiosa
Desde hace semanas, los hondureños amparados en el TPS viven bajo una constante tensión. La falta de claridad del gobierno estadounidense sobre si renovará o cancelará definitivamente este beneficio migratorio ha generado un clima de ansiedad entre los connacionales, que temen quedar expuestos a redadas, deportaciones y pérdida de empleo.
Este panorama no es nuevo. Ya durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2021), el TPS fue cancelado para varios países, incluyendo Honduras. Sin embargo, una corte federal de apelaciones en California bloqueó la medida, otorgando un respiro legal que sigue vigente hasta hoy. Ahora, bajo un nuevo ciclo electoral y con un posible retorno del expresidente Trump al poder, el destino de los tepesianos podría tomar un giro similar.
Una extensión “técnica” que no garantiza estabilidad
El vicecanciller de Honduras, Antonio García, expresó optimismo tras la prórroga automática, señalando que el silencio de EE.UU. puede interpretarse como un gesto político y una oportunidad para negociar. “El hecho de que no se diera a conocer una negativa representa una señal”, sostuvo.
Sin embargo, para el analista en asuntos internacionales Graco Pérez, la situación es mucho más delicada. “Dentro de esa extensión automática de seis meses, en cualquier momento pueden decir ‘se terminó’, y hay dos meses para que la gente salga del país”, advirtió. Según él, el panorama podría cambiar según las elecciones generales en Honduras y la relación del nuevo gobierno con Washington.
“Si gana la oposición, puede abrirse una ventana para una negociación. Pero si continúa el gobierno actual, no habrá renovación. Las relaciones han sido tensas, por decir lo menos”, afirmó Pérez.
Además, criticó el manejo diplomático por parte del gobierno hondureño: “Mientras a El Salvador le renovaron el TPS, Honduras dejó vacante su embajada en Washington y confrontó directamente a la embajadora estadounidense Laura Dogu. No se puede pedir ayuda a un país al que se desafía públicamente”.
Tensión geopolítica y consecuencias migratorias


La defensora de derechos humanos y especialista en migración, Itsmania Platero, fue contundente: “Honduras ha estrechado lazos con países que Estados Unidos considera enemigos: Nicaragua, Venezuela, Cuba, China y Rusia. Esto influye directamente en la disposición de Washington para renovar el TPS”.
Impacto económico y social
Más allá del drama humano, la posible cancelación del TPS tendría consecuencias devastadoras para Honduras. Se estima que los tepesianos envían cientos de millones de dólares en remesas anualmente. Estas remesas son vitales para miles de hogares, alimentan el consumo interno y sostienen sectores como la construcción, la educación y la salud.
La pérdida de este flujo económico tendría un efecto dominó en la economía nacional. Además, la deportación masiva de connacionales podría generar presiones sobre el ya frágil sistema social y laboral hondureño.
La cuenta regresiva ha comenzado. Y mientras tanto, 50 mil hondureños esperan, entre la esperanza y el temor, una decisión que puede cambiar sus vidas para siempre.






