sábado, marzo 7, 2026

Una Selección secuestrada deja a Honduras fuera del Mundial.

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Por Redacción deportiva – El Periódico HN

La eliminación de Honduras del Mundial dos mil veintiséis quedó consumada ayer en el Estadio Nacional de San José, tras un empate sin goles ante Costa Rica que certificó el fracaso más doloroso de la última década. En la eliminatoria más accesible de la historia —con tres cupos directos y dos repechajes— la Bicolor fue incapaz de clasificar, pese a depender de sí misma en la última jornada.

Pero el verdadero golpe no estuvo en el marcador, sino en la evidencia de un modelo futbolístico agotado, centrado en intereses particulares y no en el talento nacional.
La Selección no perdió en la cancha: perdió en la estructura.

Una Selección con acento de club

Desde hace meses, la Bicolor funciona como una extensión de un solo equipo capitalino. Las convocatorias, los minutos asignados y el orden de prioridades han respondido a un patrón que favorece sistemáticamente a futbolistas del Olimpia, mientras figuras de otros clubes quedan relegadas sin justificación deportiva.

Este fenómeno ha coincidido con un dato innegable: Olimpia ha sido el equipo más ganador en los últimos años, en parte porque utiliza la Selección Nacional como plataforma de fogueo para sus propios jugadores, permitiéndoles obtener minutos internacionales sin tener que competir por ellos en sus procesos internos.
Esa exposición en la Bicolor eleva su valor en el mercado y abre oportunidades de negocio, no solo en el ámbito local sino también en la venta internacional de sus futbolistas.
La paradoja es brutal: mientras un club se fortalece comercialmente, el país paga el precio de un modelo que sacrifica la competitividad nacional, incluso a costa de no ir a los mundiales.

Ayer, esa tendencia quedó expuesta con un episodio que indignó al país.

Decisiones que desconectan a la Selección del país

Reinaldo Rueda decidió ingresar en el segundo tiempo al juvenil Moncada por la banda derecha. Un jugador con proyección, sí, pero sin experiencia internacional, sin madurez competitiva y sin rodaje para un partido de vida o muerte. Su entrada redujo la claridad ofensiva, desordenó la estructura del equipo y provocó un bajón inmediato en la intensidad.

La sensación general fue clara: entró para ser mostrado, no porque el partido lo pidiera.

Mientras tanto, Alexy Vega, goleador del Marathón y figura probada del torneo, permaneció en la banca. Y Rubilio Castillo, uno de los goleadores naturales más constantes del país, ni siquiera fue convocado. Ambas ausencias reforzaron la percepción de que las decisiones no se tomaron con criterios deportivos, sino para sostener un patrón que prioriza a jugadores del Olimpia por encima del rendimiento real.

Un fracaso que se gestó lejos de la cancha

La eliminación no sorprendió a quienes conocen de cerca la influencia dirigencial dentro de la Federación.
Cuando un solo club tiene peso determinante en convocatorias, decisiones técnicas e incluso proyección de jugadores, la Selección deja de ser un proyecto de país para convertirse en una herramienta de exposición, interés y negocio.

Mientras Haití, Panamá y otras naciones aprovecharon el formato ampliado, Honduras quedó atrapada en favoritismos, círculos reducidos y un modelo que ignora el verdadero rendimiento de la Liga Nacional.

Rueda, un técnico sin autonomía real

Rueda llegó con discurso de renovación y experiencia, pero su gestión terminó marcada por indecisiones, contradicciones y señales de dependencia. Un entrenador que necesita ganar no arriesga con un juvenil sin rodaje; tampoco sienta al delantero más efectivo del torneo, ni margina al goleador que llega en mejor momento.

La pregunta sigue abierta: ¿estaba tomando decisiones deportivas o decisiones condicionadas?

La advertencia que el país no puede ignorar

Honduras quedó fuera en la eliminatoria más generosa de la historia. Ese hecho exige una revisión profunda del modelo.
La Selección necesita autonomía, pluralidad y meritocracia real. Necesita convocar por rendimiento, no por conveniencia. Debe liberarse de intereses particulares que la han reducido a plataforma comercial para unos pocos.

Mientras nada cambie, los próximos fracasos ya están escritos.

La eliminación de ayer no fue solo un resultado: fue un diagnóstico. Un recordatorio doloroso de que el fútbol nacional está pagando un precio demasiado alto por decisiones que se toman lejos de la cancha y muy cerca del poder de un solo club.

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