sábado, marzo 7, 2026

EE. UU. Duplica la Caza de Recompensas: Cabello y Padrino en la Mira Tras Captura de Maduro

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Washington / Caracas, 8 de enero de 2026 (EFE) – La política internacional dio un giro abrupto esta semana tras la captura en Caracas del expresidente venezolano Nicolás Maduro, en una operación militar liderada por Estados Unidos que ha desatado una ola de repercusiones políticas y judiciales. Con Maduro detenido en Nueva York y enfrentando cargos por narcotráfico, la atención de Washington se ha centrado ahora en otros altos funcionarios del antiguo régimen, quienes figuran en los avisos de recompensas más altos vigentes, igualando incluso montos ofrecidos por terroristas internacionales de primer orden.

Según documentos oficiales de la Administración para el Control de Drogas (DEA) de Estados Unidos, Diosdado Cabello, ex ministro de Interior y Justicia de Venezuela y considerado uno de los hombres más poderosos del chavismo, encabeza actualmente la lista de recompensas con 25 millones de dólares por información que conduzca a su arresto y/o condena. Esa cifra es incluso comparada con las ofrecidas en el pasado por la detención de Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda, destacando la importancia que Washington atribuye al caso.

La recompensa por Cabello fue actualizada en enero de 2025, cuando se elevó desde los 10 millones de dólares originales a la cifra actual, tras años de acusaciones en su contra vinculadas con tráfico de drogas, narcoterrorismo y conspiración para la importación de cocaína. En el aviso publicado por la DEA se señala específicamente que se le busca por “conspiración de narcoterrorismo, conspiración para importación de cocaína y conspiración para portar armas automáticas y dispositivos destructivos en apoyo a delitos de drogas”.

Junto a Cabello, el ministro de Defensa de Venezuela bajo el régimen de Maduro, Vladimir Padrino López, figura con una recompensa de 15 millones de dólares por información que facilite su captura o condena. Washington le imputa cargos que incluyen “conspiración para distribuir cocaína a bordo de un avión matriculado en Estados Unidos”, según el aviso oficial de recompensas de enero de 2025, una acusación que lo sitúa al mismo nivel que notorias figuras del narcotráfico internacional.

Las recompensas más altas en la lista no se limitan al contexto latinoamericano. Washington sigue ofreciendo 25 millones también por Dawood Ibrahim, un terrorista de origen indio implicado en los atentados de Bombay de 1993 y cuyo paradero sigue siendo desconocido para las autoridades, ilustrando la gravedad con la que EE. UU. percibe ahora a Cabello en el plano internacional.

El incremento de las recompensas ocurre en medio de una profunda crisis política en Venezuela después de que Maduro fuera capturado el 3 de enero tras una operación militar estadounidense en Caracas, detonando condenas de gobiernos de América Latina y de organismos como la ONU, que calificaron la acción de violación al derecho internacional. La caída de Maduro deja un vacío de poder en el país y un escenario de incertidumbre política que ha centrado el foco en figuras clave del antiguo gobierno.

Cabello, una figura de larga trayectoria en la política venezolana y estrecho aliado de Maduro, ha rechazado las acusaciones y ha mantenido un tono desafiante frente a las amenazas estadounidenses, afirmando que defenderá la soberanía venezolana ante cualquier intento externo de someter al país. Su poder dentro de la estructura chavista ha sido históricamente significativo, manejando importantes cargos dentro del Estado y del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

Por su parte, Padrino López, comandante con amplia influencia en la cúpula militar venezolana durante años, también ha negado cualquier implicación en actividades criminales y ha defendido la legitimidad del gobierno chavista, aunque su entorno político ha quedado debilitado tras la captura de Maduro.

Analistas internacionales consideran que la actualización y elevación de las recompensas forma parte de una estrategia estadounidense más amplia para aislar y desmantelar las estructuras de poder que apoyaron lo que Washington denomina un “régimen narcoterrorista”, con el objetivo de que aliados internos o externos proporcionen información clave que permita desarticular esos núcleos de poder.

Mientras tanto, las tensiones diplomáticas entre Estados Unidos y Venezuela continúan en aumento, con llamados a cumplir la justicia internacional y a respetar los derechos humanos, al tiempo que surge un debate global sobre el papel de la fuerza militar en la política exterior y la soberanía de las naciones.

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