Falta de datos por confirmar
De momento solo 30 de los 50 estados y el Distrito de Columbia han dado el necesario paso de empezar a recopilar y publicar datos de contagios según la etnia de los enfermos (aunque sigue habiendo un 38% de casos en los que no se identifica). Solo 16 de esos estados informan de la condición de los fallecidos. Pero ya con los primeros análisis de esos datos, y otros que habían adelantado medios e instituciones, se demuestra el golpe. En los condados de mayoría de población negra, por ejemplo, el número de hospitalizaciones de personas negras triplica la media del país y los números de muertes se multiplican por seis.
Sucede, no obstante, en todo EEUU, no solo donde la mayoría es negra. En el sur, donde vive casi el 60% de esta población, ocurre en estados como Luisiana, donde representan un 32% de los habitantes pero acumulan el 70% de los muertos. En el Medio Oeste está pasando en lugares como Wisconsin, Michigan o Illinois. Sucede en el oeste en California. Y en el este ocurre en Nueva York. Los epicentros son las grandes ciudades como Nueva Orleans, Milwaukee, Detroit, Chicago o Nueva York, donde hace poco más de una semana el ayuntamiento de Bill de Blasio empezó a dar los datos clasificados por etnias y se confirmó que negros y latinos sufren el mayor golpe.
Otras patologías y deficiencias
Pero los negros son, además, parte de una población que presenta índices más elevados de condiciones médicas previas como diabetes, asma, problemas cardíacos, hipertensión u obesidad que empeoran el golpe de Covid-19. Son comorbilidades asociadas a pobreza y racismo pero también a políticas y Blackstock es una de las muchas voces que apunta a la indisociable causa-efecto de problemas de acceso a la vivienda digna, condiciones insalubres que intensifican esos problemas médicos, economías y situaciones familiares que fuerzan a hacinamientos que impiden el aislamiento en caso de contagio, o al racismo medioambiental, con muchos núcleos de población ubicados en las zonas de más contaminación y tóxicas, especialmente en las grandes urbes.
“Muchas veces la gente culpa a la salud del individuo de elecciones individuales pero olvidan que existen lo que llamamos determinantes sociales de salud”, dice, especialmente enervada, como muchos otros, por la declaración que hizo Jerome Adams, el médico negro que es director general de Sanidad del gobierno de Donald Trump. Días después de hablar de sus propios problemas (hipertensión, corazón , asma y prediabético) y de asegurar que representaba “el legado de crecer pobre y negro en América”, Adams dio una indignante muestra de lo que Blackstock llama “racismo interiorizado” e instó a negros e hispanos a abandonar “el tabaco, el alcohol y las drogas”.





