Más de 42 millones de estadounidenses ya votaron por voto anticipado.
Washington.- Demócratas y republicanos estadounidenses cierran una campaña electoral marcada por el devenir de la economía y con un principio fundacional en juego: la democracia, según los progresistas, o el sueño americano, en opinión de los conservadores.
Uno y otro partido dicen estar optimistas, aunque las encuestas sobre las legislativas de este 8 de noviembre inclinan la balanza cada vez más en favor de los republicanos.
Según la media ponderada de sondeos efectuada por la web FiveThirtyEight, tienen un 54% de posibilidades de hacerse con el Senado y un 82% de ganar la Cámara de Representantes.
Los demócratas ostentan la mayoría en ambas cámaras y aunque hay zonas que concentran la atención por el ajustado margen de las previsiones, como Pensilvania o Arizona, las dos formaciones comentan a EFE que su estrategia en estos comicios no ha descuidado ninguno de los 50 estados del país.
“Nuestras políticas le interesan a cada votante. Se trata de sentido común. Todo ciudadano quiere vivir en una comunidad segura, que su hijo reciba una buena educación, tener independencia energética y que se usen nuestros recursos en lugar de los de Venezuela o Arabia Saudí”, dice la líder del Partido Republicano, Ronna McDaniel.
La recta final de la campaña ha visto a figuras de peso de ambos partidos multiplicar su presencia en los mítines en un intento por movilizar al electorado. Del expresidente republicano Donald Trump (2017-2021) al exmandatario demócrata Barack Obama (2009-2017) o al actual inquilino de la Casa Blanca, el también progresista Biden.
Actos que han tenido un foco especial también en el votante latino. Los republicanos han abierto 21 centros comunitarios hispanos en todo el país, según cifras facilitadas a EFE, y los demócratas han lanzado entre otros “Adelante”, programa de iniciativas para llegar a esos electores.
Tradicionalmente el partido en el poder pierde escaños en unos comicios de medio mandato. Y cuando la incertidumbre está tan alta, según concluye Scott Ainsworth, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Georgia, “cualquier comunidad puede marcar la diferencia”.
Joe Biden y Donald Trump encabezan un frenético último día de campaña, víspera de unas elecciones intermedias que marcarán el resto del mandato del presidente de Estados Unidos y pueden allanar el camino para la vuelta a la Casa Blanca de su predecesor.
El multimillonario estará en Ohio, un Estado industrial del medio oeste emblemático del Estados Unidos que él ha sabido seducir: la clase media, mayoritariamente blanca, que vive en el campo o en el extrarradio, y tiende a replegarse frente a la globalización.
Con su índice de aprobación en torno al 42%, Biden ha evitado en gran medida los estados más conflictivos.
Los candidatos demócratas han recurrido en campaña al embrujo de sus estrellas, como los expresidentes Barack Obama y Bill Clinton.
Biden tiene logros que pregonar, como la reducción de los precios de los medicamentos con receta, el aumento de la fabricación de microchips y las inversiones récord en infraestructuras, pero los estadounidenses tardarán años en notar los efectos.
De acuerdo con los sondeos, la mayoría de los estadounidenses están preocupados por la economía y creen que el país va por mal camino, lo que anima a los candidatos republicanos a lanzarse a por distritos que antes parecían inalcanzables.
Los demócratas han centrado sus argumentos finales en el derecho al voto, la protección del acceso al aborto y la asistencia social, y en el caso de Biden, en la amenaza que supone el creciente apoyo entre los republicanos de Trump a las teorías de la conspiración política.
Los republicanos contraatacan diciendo que votar por los demócratas significa inflación galopante y aumento de la delincuencia, buscando convertir estos comicios en un referéndum sobre el presidente.
En total, se habrán gastado cerca de 17,000 millones de dólares para estas elecciones intermedias, según el sitio Opensecrets, todo un récord.





