Emboscada Mortal Ciega a Tres Miembros de la Familia Paz Murillo en Silca
Silca, Olancho – 1 de julio de 2025
Por: Redacción Investigativa
Un regreso familiar que debía ser rutinario terminó en tragedia la medianoche del domingo en el municipio de Silca, departamento de Olancho. Tres miembros de la familia Paz Murillo —incluida una ciudadana norteamericana— fueron asesinados a balazos en lo que constituye la vigésima masacre registrada en Honduras en lo que va de 2025, y la segunda en apenas dos semanas.
Las víctimas, identificadas como Leda Esperanza Paz Murillo (66), con residencia en Washington, Estados Unidos; su hermano Exsar Edulfo Paz Murillo (53) y Ana Cristina Castro Fúnez (52), cuñada de ambos, fueron emboscadas por individuos armados mientras se conducían en un vehículo de regreso a su hogar en La Esperanza, luego de realizar diligencias en la comunidad de Limones.
Los cuerpos sin vida de los tres quedaron en el interior del vehículo, el cual, tras la ráfaga de disparos, se salió de la carretera y fue a detenerse en un potrero a la orilla del pavimento en el sector de El Higuerito. Un cuarto ocupante, cuya identidad no ha sido revelada por motivos de seguridad, logró sobrevivir y, según fuentes oficiales, se encuentra fuera de peligro.
Muerte al filo del viaje
Leda Esperanza Paz Murillo tenía previsto abordar un vuelo hacia Estados Unidos este mismo lunes, según confirmó un familiar. Su muerte, además de trágica, resalta el creciente peligro que enfrentan los hondureños —incluso aquellos que ya no residen permanentemente en el país— al regresar a sus comunidades natales.
Ana Cristina Castro Fúnez, ama de casa y madre de dos niños —uno de cuatro años y otro de apenas seis meses—, era la compañera de vida de otro miembro de la familia Paz Murillo, sumando una dimensión aún más desgarradora a la masacre.
Clamor de justicia desde el gobierno local
El alcalde de Silca, Pablo Paz, sobrino de las víctimas, alzó la voz en medio del luto y lanzó un llamado de auxilio a las autoridades centrales. Con lágrimas en los ojos y una libreta en la mano, utilizó incluso el código Morse para enviar un simbólico S.O.S., implorando intervención urgente de la Secretaría de Seguridad ante el clima de violencia que se vive en su municipio.
“Somos un pueblo pequeño y en dos meses han fallecido ocho personas. Aunque estamos bajo el PCM de la Policía, la tranquilidad se perdió”, declaró el alcalde Paz. “Nuestra familia, y toda la comunidad, merece respuestas claras. Ya no podemos vivir con miedo”.
La masacre número 20: un reflejo del colapso de seguridad
Con este crimen, Honduras contabiliza ya 20 masacres en tan solo seis meses, una cifra alarmante que confirma la sistemática pérdida de control por parte de las autoridades ante estructuras criminales que operan impunemente.
Apenas el pasado 14 de junio, cuatro hombres fueron ejecutados a disparos en la carretera CA-13, en las cercanías del desvío a Paguales, municipio de Sabá, departamento de Colón. Ahora, con la masacre de la familia Paz Murillo, la violencia vuelve a teñir de sangre el territorio nacional.
Una comunidad paralizada por el miedo
Silca, tradicionalmente conocida por su gente trabajadora y sus paisajes rurales, está atrapada en una espiral de temor. Comercios que cierran temprano, vecinos que prefieren no salir de noche y familias enteras que contemplan migrar. La masacre ha terminado de sembrar el terror entre la población.
Los dolientes piden justicia. Exigen una investigación que no se limite a capturas simbólicas, sino que logre esclarecer completamente lo ocurrido. Mientras tanto, los nombres de Leda Esperanza, Exsar Edulfo y Ana Cristina se suman a una larga lista de hondureños asesinados, cuyas muertes siguen esperando verdad y justicia.
Mientras el país sigue contando masacres, Silca despide con lágrimas a tres de sus hijos. Y la pregunta persiste: ¿hasta cuándo vivir con miedo?





