Por: Carolina Alduvín
Quedan dos meses para tomar la mejor decisión; estamos claros sobre por quién no hay que hacerlo, una alianza de hecho entre los candidatos de los partidos tradicionales sería lo ideal, ellos sostienen sobre sus egos la mejor carta de triunfo para el enemigo de todos, como lo es el no unir sus caudales electorales. Uno confiando en la mayoría obtenida durante las primarias; el otro, en arrastrar el voto de los indecisos, los que carecen de filiación partidaria y hasta de los más jóvenes y apáticos. Lo primero ahí está, le llaman voto duro y podría bajar apenas por algún detonante muy fuerte que, es difícil tocar fuera del poder. Lo segundo es incierto, hay que trabajar duro por atraerlo y conquistarlo; y no es que el candidato no quiera o no pueda hacerlo, el problema es que ya lo considera propio e inamovible; por tanto, se da el lujo de menospreciarlo.
Sólo hay que escuchar ciertos comentarios, observar sus actitudes, rodeado de aduladores y no de asesores objetivos y convincentes que le muestren la realidad y el camino para superarla; saboteado desde dentro por la ambiciosa modelito, sin respaldo visible o contundente de la autoridad en la sombra del partido que ha logrado reanimar y con la infiel de la balanza plegada al incendiario en órgano decisorio. No es de extrañar que en las encuestas se note un bajón leve, pero bajón a final de cuentas. ¿Hará algo de ver en menos de 60 días para revertirlo y sobrepasarlo? Más le vale; no sólo a él, sino a todos los que depositan su confianza sobre tanta incertidumbre, por las razones que sean. Dejar de echar tierra al adversario sería buen comienzo.
En cuanto al enemigo, el verdadero enemigo de él y de la nación entera, al que se plegó por pésimo cálculo político y que lo dejó como novia de pueblo; su mejor activo para desmarcarse, es el hecho de no estar involucrado –por ahora– en delitos de terrorismo o narcotráfico. Pero el enemigo, con tal de neutralizarlo es capaz de construir un requerimiento fiscal a partir de algo así como pecata minuta, como haber colocado a cierto tinterillo de a pie en un alto puesto en el RNP… por algo se empieza en la tentación del nepotismo y en la tentación de perseguir por quedar bien con los de arriba.
Este candidato sigue en deuda con todos nosotros y con nuestra democracia; en su incapacidad para crear estructuras que lo respaldasen en toda la geografía nacional, se montó al carro de los refundidores y reforzó una votación emitida desde el hartazgo generado por grandes actos de corrupción. Sólo para comprobar lo advertido reiteradamente, salió peor el remedio que la enfermedad. Los caballitos de batalla locales del Foro de Sao Paulo resultaron infinitamente más mañosos, sinvergüenzas y corruptos que sus cachurecos predecesores; con el pretexto de cumplirle al aliado la promesa empeñada de permitir que uno de los suyos presidiera el parlamento, el usurpador consiguió que sus leales impusieran a patadas a quien convirtió en su más rastrero conserje, días antes de colocar en la silla a su punching bag.
Desde ahí, el rosario de ilegalidades no para y amenaza con perpetuarse con la ayuda pagada con nuestros impuestos de una publicidad mentirosa y asquerosa, todo un irrespeto a la población que ha perdido desde sus empleos hasta la esperanza en un mejor futuro. Con la ayuda de sus asesores internacionales expertos en conseguir victorias fraudulentas a través de la tecnología, con la ayuda de los votos fantasma de quienes residen en el extranjero y se les ha emitido un documento de identidad no reclamado, con ayuda de la cúpula militar que ha deshonrado su uniforme y violado la Constitución.
El candidato no vinculado a actos de corrupción, en su grandilocuencia ha afirmado que él puso a los actuales gobernantes y él mismo los va a remover; en las actuales circunstancias, es lo mejor que podría ocurrir, está por verse y para el efecto, hace falta en primer lugar dejar a un lado el triunfalismo, no ha ganado y los números comienzan a serle desfavorables, nada que no pueda recuperar con un adecuado trabajo de proselitismo, poniendo orden en la casa, tanto la propia como la del partido, llegando a acuerdos con el verdadero poder. Se dice que hay cinco cabezas, tiene que pactar con la correcta y demostrar que las derrotas anteriores le han servido de lección. De lo contrario, los indecisos votarán por el otro, o no votarán y entonces pierde la democracia, pierde Honduras y con ella, todos. Votemos y cuidemos nuestros votos.





