Tegucigalpa, Honduras | Octubre 22, 2025
A poco más de un mes de las elecciones generales del 30 de noviembre de 2025, Honduras atraviesa una de las etapas más tensas de su historia política reciente. El partido Libertad y Refundación (Libre), en el poder desde 2022, enfrenta una profunda crisis interna que ha desbordado los límites partidarios y amenaza con socavar la estabilidad democrática del país.
Desde la llegada al poder de Xiomara Castro, Libre ha vivido una pugna constante entre sus corrientes internas, enfrentamientos con la oposición y choques entre los poderes del Estado. A 39 días de los comicios, las señales de ruptura institucional son cada vez más evidentes: el Congreso Nacional se encuentra prácticamente paralizado, el Tribunal de Justicia Electoral (TJE) no logra sesionar por divisiones internas, y la candidata oficialista Rixi Moncada se ha autoproclamado ganadora incluso antes de que se emitan los votos.
Un conflicto que se gestó desde 2022
La crisis política actual tiene sus raíces en enero de 2022, cuando el recién instalado Congreso protagonizó un fuerte enfrentamiento interno por la elección de su presidente. A pesar de los acuerdos previos entre Libre y el Partido Salvador de Honduras (PSH), la bancada de Libre se fracturó: un grupo de diputados desconoció el pacto y eligió a Jorge Cálix como titular del Legislativo, mientras el ala leal al oficialismo impuso a Luis Redondo, del PSH.
Aquella crisis marcó el inicio de un conflicto de poder que nunca se resolvió del todo. Aunque Redondo terminó consolidándose como presidente del Congreso con apoyo del Ejecutivo, las tensiones entre el Legislativo, el CNE y el TJE fueron en aumento.
Redondo, el Congreso y el bloqueo institucional
A lo largo de los últimos tres años, Luis Redondo ha sido acusado por la oposición de mantener bloqueada la agenda legislativa, obstaculizando la aprobación de leyes clave y evitando la discusión de reformas electorales necesarias para garantizar la transparencia del proceso de 2025.
Los partidos Nacional, Liberal y Salvador de Honduras han denunciado que Redondo utiliza su control del Congreso para favorecer a Libre y para blindar al Ejecutivo ante cualquier intento de fiscalización. “No hay democracia sin separación de poderes”, expresó recientemente el jefe de bancada del Partido Nacional, Tomás Zambrano, quien advirtió que la falta de funcionamiento del Congreso “pone en riesgo la legitimidad de las elecciones”.
Libre toma control de los órganos electorales
El segundo foco de crisis se encuentra en el Tribunal de Justicia Electoral (TJE). De los tres magistrados que lo integran, el de Libre, Gaudy Bustillo, ha sido señalado por obstaculizar la toma de decisiones y por no convocar a sesiones clave relacionadas con las papeletas de votación en los departamentos de Valle y Olancho.
El Colegio de Abogados de Honduras, a través de su presidente Gustavo Solórzano, instó recientemente al TJE a sesionar de inmediato y resolver las controversias pendientes. “No hacerlo afecta el derecho al voto de miles de ciudadanos”, advirtió Solórzano, quien responsabilizó directamente a los magistrados por una posible crisis electoral.
Mientras tanto, el Consejo Nacional Electoral (CNE), dominado también por figuras cercanas a Libre, ha decidido proceder por su cuenta con la impresión de papeletas, pese a la falta de resolución del TJE. Esta decisión ha encendido las alarmas en los partidos opositores, que la califican como una “usurpación de funciones” y un intento de manipular el proceso.
Un país al borde del colapso institucional
El ambiente político se ha vuelto tan volátil que diversos analistas y organismos internacionales han comenzado a expresar su preocupación. La OEA y la Unión Europea han pedido “respeto a la institucionalidad democrática y al proceso electoral”, mientras organizaciones nacionales advierten sobre el riesgo de protestas y confrontaciones en las calles si no se garantiza un proceso transparente.
Libre, por su parte, acusa a la oposición de conspirar para desconocer los resultados y de aliarse con sectores empresariales y mediáticos para desestabilizar al gobierno.
Sin embargo, a medida que se acerca la jornada electoral, la incertidumbre crece. Con un Congreso paralizado, un TJE dividido y una candidata oficialista que proclama la victoria antes de tiempo, Honduras se aproxima a una elección cargada de sospechas, tensiones y desconfianza, en la que el futuro de su democracia está en juego.
Epílogo: el dilema de noviembre
A 39 días de los comicios, el país se encuentra frente a una encrucijada histórica. Para muchos, estas elecciones no solo definirán al próximo presidente, sino también la viabilidad de la democracia hondureña.
Si Libre logra imponerse, deberá enfrentar el desafío de gobernar un país profundamente dividido. Si pierde, las acusaciones de fraude y la falta de credibilidad institucional podrían desatar una ola de protestas y violencia política.
En cualquier escenario, el desenlace de la crisis que comenzó en 2022 y que hoy paraliza las instituciones será decisivo para determinar si Honduras logra preservar su orden democrático o si, por el contrario, se encamina hacia un nuevo ciclo de inestabilidad y confrontación.





