23 octubre 2025
Por: Oscar Lanza Rosales
En Honduras, los desastres naturales duran meses, pero los desastres políticos parecen no tener fin. Cada tragedia climática se convierte en oportunidad para los mismos de siempre: los que, en vez de prevenir, prefieren repartir bonos con dinero ajeno para ganar votos.
El Gobierno de Honduras, a través de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y la Red Solidaria, realizó recientemente la entrega del “Bono de Alivio Climático”, por un monto total de 661.1 millones de lempiras, destinado a 101,453 hogares en seis departamentos: Atlántida, Yoro, Cortés, Santa Bárbara, Francisco Morazán y El Paraíso. Cada familia recibió 7,000 lempiras en efectivo como ayuda.
Estos fondos provienen de un préstamo de 70 millones de dólares otorgado por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) en 2021, originalmente para atender la emergencia causada por las tormentas Eta e Iota. Aquella administración de Juan Orlando Hernández ejecutó apenas una parte, y el actual gobierno de Xiomara Castro decidió reactivarlo.
Aunque el programa fue presentado como una medida solidaria ante los efectos del cambio climático, diversos sectores lo ven como una maniobra electoral del Partido Libre, ejecutada a pocas semanas de las elecciones generales. Exfiscales y expertos, como Edmundo Orellana y Olivier Erazo, denunciaron que se trata de una práctica de compra de conciencias, sin transparencia ni criterios técnicos, al no publicarse listados de beneficiarios y pagarse en efectivo.
Las sospechas son más que razonables. En primer lugar, la entrega del bono comenzó antes de que iniciara la actual emergencia climática, que hoy sí afecta con fuerza a la capital y a varias regiones del país. El contrato con el BCIE prohíbe su uso electoral o para pagar salarios, y establece que los fondos deben dirigirse únicamente a familias afectadas por el cambio climático.
El expresidente del BCIE, Dante Mossi, advirtió que el organismo podría enfrentar un riesgo reputacional si se confirma el uso político del préstamo. Recordó, además, que el banco exige auditorías y cumplimiento estricto de los acuerdos firmados.
En segundo lugar, resulta inevitable notar el paralelismo con el expresidente Hernández, quien también utilizó bonos con fines electorales. En aquel entonces, Libre denunció esta práctica como corrupción política; sin embargo, hoy repite exactamente la misma historia que tanto condenó.
En tercer lugar, hay testimonios que refuerzan las sospechas. En municipios como Santa Lucía y Valle de Ángeles, cientos de personas esperaron desde temprano sin saber por qué fueron seleccionadas, y varios admitieron haberse inscrito a través de coordinadores vinculados a Libre. En San Pedro Sula, algunos beneficiarios afirmaron que se les condicionaba la ayuda al voto por Rixi Moncada.
Además, el analista Rubén Darío Osorto señaló que la distribución del bono no se corresponde con criterios de vulnerabilidad climática ni pobreza. Exceptuando Atlántida, Cortés y Francisco Morazán, los departamentos seleccionados no están entre los más expuestos ni entre los más pobres, pero sí coinciden con zonas donde Libre perdió en las primarias de marzo pasado.
El gobierno sostiene que el bono busca preparar a las familias ante los fenómenos ambientales, pero la realidad es que profundiza la desconfianza ciudadana. Un fondo creado para aliviar una tragedia natural ha terminado siendo una tragedia moral: el uso del dinero público para perpetuar el poder, disfrazado de solidaridad.
A ello se suma que el préstamo incrementa la deuda del país, y deja en entredicho la credibilidad del BCIE, que se presta -una vez más- a que los gobiernos hagan “micos y pericos” con recursos del Estado.
Mientras tanto, los desastres naturales siguen cobrando vidas y destruyendo hogares sin que existan políticas reales de prevención y mitigación. Ahí está el ejemplo de la colonia Guillén en Tegucigalpa, donde las familias afectadas siguen sin techo ni respuesta, pese a las promesas incumplidas del alcalde Jorge Aldana.
El panorama es claro: en lugar de invertir en obras preventivas, se reparten bonos en tiempos electorales. Una política cortoplacista, manipuladora y moralmente inaceptable.
Ante esta penosa realidad, vale recordar las sabias palabras de José Mujica:
“Toma todo lo que te den, pero tu voto no lo vendas por nada.”
Tu voto es sagrado. Es tu dignidad. No lo cambies por 7,000 lempiras.
Porque el día que el pueblo venda su conciencia, el país ya no tendrá salvación.





