Tegucigalpa, 28 de octubre de 2025. — Con el escenario electoral hondureño a las puertas de las elecciones generales, fijadas para el próximo 30 de noviembre, distintos sectores de la sociedad civil y las iglesias —tanto católicas como evangélicas— han lanzado un llamado conjunto a la población para acudir de forma masiva a las urnas, con el fin de “romper cualquier intento de fraude” y fortalecer la legitimidad del proceso democrático.
Voto como barrera frente al fraude
Para el director ejecutivo del Centro de Estudios para la Democracia (Cespad), Gustavo Irías, una alta participación ciudadana es clave para que una elección sea considerada auténticamente democrática. “Un elemento que aporta legitimidad a un proceso electoral… es que cuente con una alta participación de la ciudadanía ejerciendo el sufragio”, señaló.
Irías también advirtió que las tensiones internas en el Consejo Nacional Electoral (CNE) pueden convertirse en un desincentivo para que los ciudadanos participen. “Las confrontaciones que se han venido dando… se convierten en un desincentivo de la participación electoral, crea un ambiente de incertidumbre e incluso nos preocupa ver algunas encuestas con una tendencia a una menor participación”.
Desde esta óptica, el voto colectivo es considerado no solo como un derecho, sino como una herramienta de defensa de la democracia frente a posibles maniobras que podrían comprometerla.
El papel de las iglesias en el llamado al sufragio
El sector religioso ha respaldado el mensaje, enfatizando la participación pacífica, consciente y masiva. El sacerdote católico José Antonio Chavarría, párroco de Santa Lucía, Francisco Morazán, invitó a los hondureños a “salir a votar para no permitir” lo que calificó como un riesgo latente. “La verdad es que se crean muchas narrativas… pero una expresión que yo he escuchado es que el voto masivo podría acabar con cualquier fraude”.
Por su parte, el pastor evangélico Evelio Reyes, de la iglesia Vida Abundante, declaró que “la democracia siempre requiere un cuidado permanente… por eso estamos llamando a la participación ciudadana”. “El motor y la sangre de las sociedades libres es la participación ciudadana”, enfatizó.
Este doble llamado —religioso y ciudadano— busca que el acto de votar sea visto no únicamente como un deber cívico, sino como un acto de salvaguardia de la institucionalidad democrática.
¿Por qué preocupa el fraude electoral?
Las señales de alarma vienen del mismo sistema electoral. Según lo manifestado por expertos, la estructura organizativa del CNE presenta fisuras y tensiones que comprometen su imagen de neutralidad e imparcialidad. Irías subraya que “las elecciones definen el destino político del país… afectan las vidas de la familia y de la sociedad y tenemos que participar en función de nuestra preferencia política”.
La percepción de que podría haber un intento de manipulación del resultado —real o imaginado— está presente en el discurso público. Frente a ello, el bloqueo más sencillo y efectivo que ofrecen los ciudadanos es justo la movilización masiva: una alta votación complica cualquier operación oscura, al reducir el margen de maniobra.
El contexto electoral: un momento de encrucijada
Este llamado cobra fuerza en un año que se ha caracterizado por la polarización política, debates intensos sobre la institucionalidad y un clima de desconfianza creciente en el entorno electoral. En este sentido, se entiende que la participación ciudadana adquiere un carácter estratégico: no solo se trata de elegir representantes, sino de reafirmar la legitimidad del sistema en sí mismo.
Llamado a la acción y al civismo
El mensaje unánime de las iglesias y de distintos gremios sociales es claro: votar masivamente y en paz. Invitan además a que ese voto sea razonado, consciente, libre de coacción, y realizado con “amor por Honduras… en un ambiente de paz, de tranquilidad, en búsqueda del bien común”, según palabras del padre José Antonio Chavarría.
Asimismo, a la luz de los contextos actuales, se pide a la ciudadanía no descansar únicamente en la institucionalidad electoral, sino asumir su rol activo en la protección de la democracia.
Conclusión
En estas elecciones generales, el mensaje repetido es que el poder está —y estará— en manos de la ciudadanía. Si el voto masivo se convierte en realidad, se estará enviando un fuerte mensaje: que los hondureños no solo eligen a sus gobernantes, sino que defienden, con su participación, el sistema democrático mismo. Como lo expresaron los líderes religiosos: votar es cuidar la democracia.
Ahora queda esperar la respuesta de la hondureñidad y ver cómo se traduce el llamado en urnas, en resultados y en legitimidad del proceso electoral.





