Tegucigalpa, Honduras –
Después de varios ciclos electorales marcados por la fragmentación, el desgaste y la pérdida de estructuras internas, el Partido Liberal de Honduras vuelve a sentirse competitivo. Con Salvador Nasralla como candidato presidencial y el respaldo de un bloque sólido de alcaldes influyentes, el liberalismo asegura haber recuperado el impulso que lo caracterizó durante más de un siglo en la vida política nacional.
La última vez que la bandera rojiblanca ondeó desde Casa Presidencial fue en 2005, con Manuel “Mel” Zelaya. Tras el golpe de Estado de 2009 y la posterior fractura que dio nacimiento a Libertad y Refundación (Libre), el liberalismo pasó de ser un gigante histórico a un actor debilitado, enfrentando cuatro derrotas electorales consecutivas. Pero hoy, a menos de un mes de las elecciones de 2025, la narrativa es distinta: el liberalismo vuelve a hablar de triunfo.
Un impulso inesperado: el “factor Nasralla”
Los números de las primarias confirmaron el fenómeno. De los 656,741 votos válidos obtenidos por el Partido Liberal, 381,062 fueron para Salvador Nasralla, superando los registros presidenciales que logró Yani Rosenthal en 2021. Para figuras internas como el diputado Marlon Lara, esto no es casualidad.
“El Partido Liberal se ha convertido en una fuerza arrolladora. La combinación de un partido con 134 años de historia y un candidato con la trayectoria limpia de Salvador Nasralla nos hace fuertes tanto en zonas urbanas como rurales”, aseguró Lara.
Desde su ingreso a la política en 2013, Nasralla ha demostrado una capacidad singular para atraer a los votantes independientes y jóvenes. Su peso electoral en la zona norte sigue siendo determinante: en las primarias dominó Cortés con 171,756 votos, el departamento con mayor carga electoral del país y considerado un territorio decisivo.
La clave del terreno: los alcaldes liberales
Aunque Nasralla genera arrastre nacional, la principal fortaleza del Partido Liberal está en su músculo municipal. En las elecciones de 2021, los liberales ganaron alrededor de 90 alcaldías, quedando solo por detrás del Partido Nacional.
Entre las figuras más destacadas se encuentran:
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Roberto Contreras (San Pedro Sula)
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Walter Perdomo (Villanueva)
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Alexander López (El Progreso)
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Bader Dip (La Ceiba)
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María Luisa Martell (Puerto Cortés)
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Quintín Soriano (Choluteca)
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Carlos Miranda (Comayagua)
Estos alcaldes han construido estructuras locales robustas, algunas con décadas de liderazgo territorial, transformándose en verdaderos pilares del proyecto rojiblanco. Su capacidad para movilizar votantes ha sido clave para sostener la maquinaria partidaria y garantizar presencia en municipios estratégicos.
Un escenario electoral que favorece al liberalismo
Pese al optimismo, el camino no está libre de obstáculos. Zonas como Francisco Morazán y Choluteca siguen siendo territorios complejos para el Partido Liberal, históricamente inclinadas hacia el Partido Nacional. Sin embargo, entre los estrategas liberales existe confianza de que Nasralla está penetrando con fuerza en el voto indeciso, el voto femenino, el voto joven y, sobre todo, entre los 748,254 nuevos votantes inscritos para participar este 2025.
A este panorama se suma un ambiente nacional marcado por el desencanto hacia el gobierno actual. Según Marlon Lara, el desgaste de la administración de Libre puede traducirse en un voto de castigo.
“La gente quiere castigar a Libre porque incumplió sus promesas de campaña. El 30 de noviembre saldrán masivamente a votar”, afirmó.
¿Un regreso histórico?
A pocas semanas de los comicios, los liberales sienten que por primera vez en veinte años tienen una oportunidad real de recuperar la presidencia. Con un candidato de amplia aceptación y un ejército de estructuras locales bien posicionadas, el Partido Liberal apuesta por escribir un nuevo capítulo en su extensa historia política.
El 30 de noviembre dirá si este resurgimiento rojiblanco se consolida o si se queda, una vez más, en una aspiración inconclusa.





