GRACIAS A DIOS.- Agentes de la Policía Militar de Honduras decomisaron casi mil libras de carne de tiburón martillo en el departamento de Gracias a Dios y detuvieron a 33 personas vinculadas con la caza ilegal de este animal en peligro de extinción.
Los militares dieron con el cargamento ilegal en el sector de la barra de Caratasca durante patrullajes de la Fuerza Naval.
La carne de los tiburones estaba almacenada en 14 barriles. Además se encontraron varios cadáveres de tiburones que aún no habían sido destazados. También decomisaron dos sacos llenos de aletas de tiburón martillo y tres lanchas en las que viajaban los pescadores.
Las aguas del Caribe y el Pacífico fueron declaradas como santuarios para este tipo de especie protegida por convenios internacionales. Sin embargo, la pesca ilegal se sigue dando pues la carne se cotiza a altos precios. En muchas culturas del mundo la carne de tiburón y sus aletas se consideran afrodisíacas y se cree que tienen poderes curativos para diversas dolencias.
De acuerdo a la Fuerza Armada de Honduras, los detenidos serán remitidos a las autoridades correspondientes para que paguen por su crimen.
¿Cómo se comercializa el tiburón martillo en el mundo?
Los tiburones se capturan principalmente por sus aletas, para elaborar la tradicional sopa de aleta de tiburón china. Hasta mediados de la década de los 80, durante la era de Mao Zedong y Deng Xiaoping, la aleta de tiburón se consideraba una exquisitez imperial prohibida en la mayoría de las mesas chinas y extremadamente cara para la mayor parte de la población.
Pero cuando la economía asiática despuntó, también lo hizo la demanda de la preciada sopa. Clasificada como un alimento “pu” (fortalecedor), a la aleta de tiburón se le atribuyen cualidades medicinales. Es el equivalente a la sopa de pollo de Occidente: es buena para curar una gripe, fortalecer la salud y el sistema inmunológico en general. Como las aletas de tiburón son mucho más valiosas que el resto del cuerpo, a menudo se realiza lo que se conoce como finning. Esta práctica, cruel e increíblemente derrochadora, consiste en subir a cubierta un tiburón, cercenar sus aletas y devolver el animal (a veces todavía vivo) al mar, donde inevitablemente morirá.





