sábado, abril 20, 2024

Después de 54 años de venderle tortillas al Hospital San Felipe, 14 mujeres se quedan sin trabajo.

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Hospital San Felipe despide a 14 mujeres que le vendían tortillas

Hospital San Felipe despide a 14 mujeres que le vendían tortillas
Después de 54 años de venderle tortillas al Hospital San Felipe, Ida Ferrera y 13 mujeres más se quedan sin trabajo.

“Aquí dejamos nuestras fuerzas, nuestra juventud y también nuestra salud. Y ahora por terceros nos damos cuenta que ya no les vamos a vender tortillas después de 40 años de trabajo”, lamentó María Lucila Moreno (84), una de las 14 mujeres que se quedan sin el trabajo de abastecer al Hospital San Felipe.

Todas estas féminas se han levantado a las 3:00 y 4:00 de la mañana para llevar tortillas de maíz, todos los días del año al histórico Hospital General San Felipe, en Tegucigalpa, pero ahora se quedan sin la fuente de ingresos para ellas y sus familias.

En los últimos días la vocera del grupo recibió una llamada y les informaron que ya no le venderían más tortillas al centro asistencial. Y le propusieron que ahora vendan las tortillas a la suplidora que abastecerá al hospital.

“Le dijeron a la compañera que esa tortillería traería las tortillas al hospital, que nosotras se las vendiéramos a ella a 70 centavos, son de maíz, vamos al molino, compramos leña y el pasaje. No podemos hacer eso, y nos hemos quedado sin trabajo”, detalló María Moreno.

Las mujeres “obreras del maíz”, quienes son el sustento de sus hogares, ya no le venderán su producto al histórico hospital, ya que una tortillería abastecerá al centro asistencial.

DURANTE 40 AÑOS

Esta señora de la tercera edad, durante 40 años se ha levantado a las 4:00 de la madrugada para cumplir con su pedido diario, pero ahora su salud está deteriorada y es cuando más ingresos necesita.

La mayoría de ellas son madres solteras, algunas alquilando y otras tratando de pagar préstamos, escuela, universidad y hasta la hipoteca de la casa, tal el caso de Belkin Navarro (45), madre de cuatro niños, dos con capacidades especiales.

Navarro, vive en la colonia El Retiro, diariamente debe pagar los pasajes de cuatro autobuses para llegar al hospital y también de lo que ha venido obteniendo de las tortillas, paga la escuela de sus hijas, comida, medicinas y la hipoteca de la vivienda.

“Ahora voy a perder mi casa, de aquí yo sacaba el dinero y nos han dejado sin empleo. Mi mamá y yo traíamos tortillas para ajustar a pagar y comprar la comida y ahora, qué vamos hacer, de qué vamos a vivir, están siendo muy injustos”.

Belkin Navarro se pregunta cómo va alimentar, educar a sus hijas y cómo pagará la hipoteca de su casa, si se ha quedado sin trabajo.

MADRES SOLTERAS

“Somos madres solteras, nunca les hemos fallado, en la pandemia hasta caminando nos veníamos. No tienen una queja, nosotros cubrimos todo lo que necesita el hospital, pónganse la mano en la conciencia, qué va a pasar con nuestros hijos”, clamó Navarro.

El grupo de mujeres que están debidamente constituidas, no ha sido notificado de manera formal por parte de las autoridades del Hospital San Felipe, sino que fue el administrador que les anticipó que ya no les comprarán las tortillas.

Diariamente ellas entregan entre 3,000 y 3,500 tortillas, algunas cubren el desayuno, otras en el almuerzo y la cena, como Ida Ferrera (76), quien heredó el trabajo de su tía y su madre.

Ella vive en la colonia La Travesía, y desde hace 54 años hace las tortillas que pacientes, médicos, enfermeras y otro personal han consumido en sus cenas, ahora comentó esperar que Dios, abra una oportunidad con la que ella pueda cubrir sus gastos y los de su hijo, que “es especial”.

“Aquí vengo a dejar las últimas tortillas, después de tantos años. Pero Dios no desampara a sus hijos, Él me dará eso que mi hijo y yo necesitamos; sin aviso de un día para otro nos hemos enterado de esta situación”, indicó.

María Lucila Moreno, a pesar de su edad y enfermedades, pide una solución ya que de este trabajo viven ella y su esposo.

POR GENERACIONES

“Mi tía inició vendiendo tortillas aquí, cuando aún estaban las monjitas, después lo hizo mi madre, y después seguí yo, y ahora se termina el trabajo, pero Dios proveerá, no es fácil, pero hay que seguir adelante”, manifestó Ferrera.

Todas son mujeres mayores, que trabajan y han laborado para la obligación de su hogar, ahora se quedan sin el trabajo que por años les permitió alimentar y educar a sus hijos, y también les preocupa que por sus años ya les es difícil encontrar otro empleo.

Sulay Ramos (40), es la vocera y la encargada de hacer los trámites y papeleo, para que las demás que por su edad o enfermedades no se sacrifiquen, pero también está preocupada y desesperada ante lo que están viviendo.

“Con este dinero yo pagaba cable y otras deudas, y ahora de dónde voy a sacar ese dinero. Nos dicen que ya no les vamos a vender, pero tampoco nos pagan lo que nos deben, eso no es justo”, lamentó.

“Es nuestro trabajo, también merecemos respeto. Le pedimos ayuda al sindicato, no nos hicieron caso. Por favor a la gente de derechos humanos, ayúdennos, también tenemos derechos, no estamos de forma ilegal vendiendo aquí”, exclamó Ramos.

 

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