sábado, marzo 7, 2026

Políticos, lo mismo de siempre.

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Nery Alexis Gaitán

La situación con los políticos siempre es la misma. El discurso es el mismo, las intenciones en contra del bienestar común son las mismas. Estar analizando lo mismo cae en el absurdo. Y es que el político hondureño no quiere cambiar su mezquino proceder e inevitablemente el afectado es el pueblo pobre; es decir, la mayoría de los hondureños que viven entre la pobreza y la miseria.

Creemos firmemente que el bienestar común está por encima de cualquier otro tipo de interés. Por lo tanto, los partidos políticos deben tener como finalidad contribuir a mejorar las condiciones de vida de la población que, en verdad, sufre de pobreza.

Es así que se deben relegar a un segundo o tercer plano los intereses partidarios o de grupo. Incuestionablemente, los políticos deben estar al servicio de la comunidad. Para eso se les paga, son servidores, y su finalidad debe ser servir a los demás y no servirse a sí mismos con los bienes del Estado que no les pertenecen.

Pero, en Honduras, los políticos tienen como finalidad llegar a los cargos públicos a enriquecerse. Su prioridad es acumular bienes para darse la gran vida, robar es su horizonte. Por ello los actos de corrupción se suceden uno tras otro en una infame cadena de perversión.
Por eso el pueblo siempre es pobre, no tiene acceso a mejorar su calidad de vida. Los sistemas de salud y educación son precarios, ineficientes, están casi en abandono. La corrupción ha drenado los bienes públicos sin misericordia alguna.

Ahora que estamos a pocos meses de las elecciones internas vemos cómo los políticos vuelven a hacer de las suyas y están en plena campaña política, es decir, en constante pugna con sus correligionarios por salir electos. Y con sus contrincantes políticos que, aunque son del mismo partido, más parece que fueran enemigos a muerte.
Los malos tratos, los insultos, las campañas de desprestigio, están a la orden del día. Evidencia plena de que lo único que les importa es llegar como sea a los cargos de elección popular; si hay que aplastar cabezas para llegar al poder, lo hacen sin remordimiento alguno.

Por ejemplo, en el Partido Liberal, los dirigentes tienen unas peleas internas que dejan mucho que desear. Se les olvida que deben unificarse, no solo para fortalecer a su partido, sino también para defender la democracia y el Estado de Derecho. Ante la amenaza continuista de los refundadores deben integrarse, unificarse; y, de ser posible, ser parte de una gran alianza opositora democrática para triunfar en las próximas elecciones generales.
Presentar su partido como una verdadera opción de cambio implica que deben hacerse a un lado los dinosaurios políticos y dar paso a jóvenes líderes que sean capaces de atraer a los jóvenes a la doctrina liberal, quienes finalmente inclinarán la balanza y elegirán a un nuevo presidente.

El Partido Nacional, el más fuerte opositor, se anda durmiendo en sus laureles y, aparte, los precandidatos no ofrecen nada novedoso. Pareciera que le hacen el juego al oficialismo y según se escucha ya hasta negociaron el gane de Libre en el 2025.

Los de Libre son todo un caso. La voz del soberano mandamás no se discute y quiere repetir con una precandidata que es muy impopular, aparte de ser señalada de supuestos actos irregulares en el pasado y tener enchambada a toda su familia en puestos de relevancia en el gobierno.
En sus andares estos precandidatos, queriendo salir electos, andan como perros y gatos denigrando a más no poder a sus contendientes. La situación ha llegado a tanto que no hay día del mundo en que no se ataquen y se acusen mutuamente de corruptos.

Llama la atención que, en estas peleas intestinas, también se llevan de encuentro a sus electores, quienes les reclaman porque no han hecho absolutamente nada que beneficie a las grandes mayorías. Y ellos los insultan horriblemente en un acto de deslealtad hacia quienes les han dado el voto.
Pero así son los políticos, solamente buscan sus beneficios personales dándole la espalda a las grandes mayorías. En ellos nada ha cambiado, siguen siendo los políticos tradicionales que sólo usan a las masas para su enriquecimiento personal.

Honduras necesita verdaderos líderes, patriotas que en verdad estén comprometidos con el bienestar de los pobres. Y con fortalecer nuestro sistema democrático y las instituciones que lo avalan.

 

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