Nery Alexis Gaitán
Sinceramente creemos que el general Roosevelt Hernández, jefe del Estado Mayor Conjunto, tiene una sólida formación militar que lo ha llevado al alto cargo que hoy ostenta. Sin embargo, sus últimas comparecencias públicas dejan en entredicho tal formación, así como al sometimiento de la ley al cual está obligado.
Sus actuaciones, con marcado mensaje político partidario, han sido polémicas. El 21 de octubre, Día de las Fuerzas Armadas, en su discurso abogó por urgir al Congreso Nacional a aprobar la polémica Ley de Justicia Tributaria, porque de esa manera él tendría más presupuesto o incluso más recursos para otras secretarías y no beneficiar sólo a 10 familias, repitiendo como caja de resonancia el mismo mensaje de los altos funcionarios del gobierno.
Otro hecho en el que se muestra el accionar político a favor de Libre, del general Roosevelt Hernández, fue su participación cuando el gobierno realizó recientemente una masiva movilización, desde todas partes del país, para apoyar al gobierno de la presidenta Xiomara Castro, el militar-activista se dedicó a servir comida a los activistas políticos.
Pero el hecho que ha conmocionado a los hondureños fue cuando en un evento en la Fuerza Aérea Hondureña, con unos 3000 empleados auxiliares de las Fuerzas Armadas, el general Roosevelt Hernández sacó su arma de reglamento y teniendo un ejemplar de la Constitución, la amenazó. Este acto de barbarie y de irrespeto a nuestra sagrada Carta Magna, implica que no está dispuesto a someterse al imperio de la ley y a respetar nuestra Constitución, como es su deber patriótico. Por este acto debería ser destituido inmediatamente de su cargo.
Es lamentable que el general Roosevelt Hernández haya olvidado el artículo 272 de la Constitución, de lo contrario no se comportaría como lo ha hecho. Es justo recordárselo: Artículo 272. Las Fuerzas Armadas de Honduras, son una Institución Nacional de carácter permanente, esencialmente profesional, apolítica, obediente y no deliberante. Se Instituyen para defender la integridad territorial y la soberanía de la República, mantener la paz, el imperio de la Constitución, los principios del libre sufragio y la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República. Cooperarán con la Policía Nacional en la Conservación del orden público. A efecto de garantizar el libre ejercicio del sufragio, la custodia, transporte y vigilancia de los materiales electorales y demás aspectos de la seguridad del proceso, el Presidente de la República, pondrá a las Fuerzas Armadas a disposición del Tribunal Supremo Electoral, desde un (1) mes antes de las elecciones, hasta la declaratoria de las mismas. * Modificado por Decreto 136/1995 y ratificado por Decreto 229/1996. * Modificado por Decreto 245/1998 y ratificado por Decreto 2/1999.
Si respetara la Constitución, en ningún momento habría pronunciado discursos de índole política y, sobre todo, sobre temas que actualmente se están discutiendo en el Congreso Nacional. El general Hernández está obligado, por la Constitución, a ser apolítico y no beligerante. Asimismo, a ser obediente en relación a los temas de seguridad nacional y a salvaguardar el sistema democrático.
Sus actuaciones reflejan que se ha vuelto completamente obediente y sumiso a los dictados de la agenda política del gobierno. Sumisión de tal naturaleza es la primera vez que sucede en nuestra historia reciente. Lo preocupante es que involucra a todas las Fuerzas Armadas, que son la garantía para preservar nuestro sistema democrático y la alternancia en el poder; este grado de entreguismo es muy peligroso para nuestra patria, lo que significa que estamos a las puertas de que se instaure una dictadura de izquierda, con el aval de los militares. De momento, lo que se percibe es que las Fuerzas Armadas defienden los interés del Partido Libre y no de Honduras.
A esto hay que agregarle que la ministra de Defensa es la candidata oficialista, quien le ordenará a los militares el acarreo de todo el material electoral. La orquestación de un posible fraude es más que evidente.
¡Las Fuerzas Armadas deben ser apolíticas, no deliberantes y obedientes, como lo ordena la ley! ¡Censuremos a los militares que se han convertido en activistas políticos!





