Tegucigalpa, Honduras. La obtención del título número 40 por parte del Olimpia no llegó solo acompañada de celebración. La final disputada ante Marathón volvió a dejar una estela de polémica arbitral, con decisiones que, según el entorno verdolaga y diversos análisis posteriores, incidieron directamente en el resultado de la serie, tanto en San Pedro Sula como en Tegucigalpa.
El triunfo 1–0 en la capital selló el campeonato para Olimpia, pero el desarrollo del partido estuvo marcado por acciones clave no sancionadas, que alimentaron la sensación de que Marathón no compitió en igualdad de condiciones.
Gol anulado y faltas ignoradas

Durante el encuentro, Marathón logró enviar el balón al fondo de la red en una acción que nació tras una salida del portero, un disparo bloqueado y un segundo remate que terminó en gol. Pese a que la jugada fue válida en su desenlace, el tanto fue anulado, decisión que se sumó al reclamo acumulado desde la ida y que dejó al conjunto verdolaga sin una anotación que pudo cambiar por completo el partido.
A lo largo del compromiso, además, se registró un sinnúmero de faltas no marcadas a favor de Marathón, con un criterio que muchos consideraron desigual. Choques, cargas y acciones claras fueron dejadas pasar, cortando el ritmo ofensivo del equipo sampedrano y favoreciendo el control del juego por parte del local.
Penal claro a Robilio Castillo
Uno de los reclamos más fuertes llegó en el segundo tiempo, cuando Robilio Castillo fue derribado dentro del área en una acción en la que el contacto impidió su continuidad ofensiva. Para el cuerpo técnico y los jugadores de Marathón, la falta fue clara y merecía sanción, pero el árbitro decidió dejar seguir la jugada, generando protestas inmediatas.

Penal no sancionado a Damin Ramírez y falta del portero
Minutos después, el malestar aumentó con otra acción determinante. Damin Ramírez ingresó al área y fue impactado en una jugada donde, según la interpretación verdolaga, existió penal claro, incluso con intervención directa del guardameta de Olimpia, quien terminó cometiendo contacto indebido. Nuevamente, el silbato guardó silencio.
Para Marathón, fueron al menos dos penales claros no sancionados, además del gol anulado y múltiples faltas ignoradas, configurando un escenario que hizo cuesta arriba cualquier intento de reacción.
Rolín Peña y el señalamiento de un arbitraje localista
Tras el partido, Rolín Peña, dirigente de Marathón, expresó públicamente su inconformidad con el arbitraje, señalando que el juez mostró un comportamiento marcadamente localista, favoreciendo de manera reiterada a Olimpia.
Desde su postura, Peña cuestionó que en una final no puede permitirse un arbitraje que incline la balanza, especialmente cuando los clubes realizan grandes esfuerzos económicos y humanos para competir al más alto nivel. También advirtió que no es sano para la Liga Nacional que los títulos se definan bajo este tipo de señalamientos, pues se desvirtúa el trabajo de planteles que invierten, planifican y compiten con seriedad.

En ese contexto, Peña insistió en que Marathón fue perjudicado en ambos partidos de la final, tanto en San Pedro Sula como en Tegucigalpa, y que la situación obliga a una revisión profunda del arbitraje en Honduras.
Un llamado a cambios estructurales
La final reabrió un debate que viene creciendo desde hace años. Para muchos clubes y analistas, la Liga Nacional debe elevar de forma estricta la calidad de sus árbitros, y en instancias decisivas como finales, considerar la designación de árbitros extranjeros altamente calificados para garantizar imparcialidad.
Asimismo, volvió a ponerse sobre la mesa la discusión sobre el uso del VAR, una herramienta que podría reducir este tipo de controversias y devolver credibilidad a los campeonatos. Desde el entorno verdolaga, se percibe que la ausencia de tecnología y la repetición de errores terminan favoreciendo siempre a los mismos, alimentando la desconfianza en la competencia.
Un título con sombra de duda
Olimpia suma una estrella más a su historia y celebra el campeonato 40. Marathón, en cambio, se marcha con la convicción de que no perdió solo contra un rival, sino contra decisiones arbitrales que marcaron la final. Mientras estas situaciones no se corrijan, el fútbol hondureño seguirá cargando con una pregunta incómoda:
¿se ganan los títulos únicamente en la cancha o también desde el silbato?





