Por: Otto Martin Wolf
Ya que es lo único que todos tenemos garantizado, creo que el tema no debe ser tomado muy en serio porque lo que viene, viene.
Desde luego que hay que tratar de posponerlo todo lo posible, pero debemos aceptar con algún tipo de indiferencia olímpica ese último evento ya que de esta nadie sale con vida.
Con nada de importancia que pensar, mi mente viajó y dio vueltas por aquí y por allá hasta, finalmente, concretar en una lista las más horribles formas de morir.
Debo anticipar que la madre naturaleza siempre ha parecido confabularse para eliminar uno por uno -veces en grupo, otras en multitudes- a nosotros, sus hijos.
Empecemos porque hay muchos que más bien parece que la andan buscando, si no pregunte a los conductores de motocicletas y autos, esos se llevan el Premio Nobel de las ganas de morir.
Pero, además, hay otros que se especializan en buscar la muerte en los lugares donde menos deberían hacerlo si quisieran vivir un poco más.
Paracaidistas deportivos, buzos de profundidad, alpinistas y escaladores, montadores de toros, encantadores de serpientes, domadores de cocodrilos (hay quienes meten la cabeza en sus enormes fauces llenas de cuchillos), exploradores de selvas y, como sugiere el título, mil lugares más.
Entre los muchos trucos de la madre naturaleza para quitarnos la vida, hay cinco o seis que son los más frecuentes: Terremotos (incluyendo deslizamientos de tierra y derrumbes) tsunamis e inundaciones catastróficas, incendios forestales masivos, huracanes y tornados, conductores de buses y rastras (aunque éstos la mayoría de las veces no tienen madre) y, el favorito de muchos por lo espectacular: las erupciones volcánicas catastróficas tipo Pompeya, donde los que no murieron quemados por fuera lo hicieron por dentro al respirar ceniza al rojo vivo (una cosa terrible llamada piroclástico) que incinera las vías respiratorias, desde la nariz y la boca hasta los pulmones.
Siguiendo el tema de una manera optimista (no hay que tomar muy en serio lo inevitable) le pregunto: Cuál sería su forma favorita de enfrentarla o, lo opuesto, cuál sería la forma menos deseada por usted de encontrar el final.
Hay que tomar en cuenta que no menciono ninguna enfermedad de las que abundan miles y que nos pueden terminar dolorosa y lentamente, tampoco tomo en cuenta balaceras y otras muertes casuales, me refiero a las catastróficas naturales.
Yo me adelanto: Mi forma menos favorita sería en un incendio forestal masivo de esos que no dejan escapatoria.
En una inundación uno puede pelearla, lo mismo en terremotos, derrumbes y similares, pero, de los incendios forestales masivos (y usted ubicado en el centro de uno de esos) la posibilidad de salvarse es mínima por no decir ninguna.
Creo que primero se siente un calorcito, que poco a poco o rápidamente va aumentando hasta empezar a cocinarlo (asado desde luego). Uno no pierde el sentido inmediatamente, el humo asfixiante que normalmente acompaña los grandes fuegos, provoca tos ardiente, uno tose y tose mientras se quema y se quema, en la loca carrera por escapar a las mortales y calientísimas llamas que lo tienen rodeado y que le persiguen por dondequiera trate de escapar.
Horrible, ¿verdad?
¿Cuál muerte no lo es?
Ahogado en hundimiento de un barco (al estilo Titanic) al menos ofrece la posibilidad de lucharla mientras se congela o el agua toma el lugar del oxígeno vital en sus pulmones. Pero se puede encontrar una tabla o puerta como en la película y hacerse la ilusión de que la salvación es posible.
Los huracanes son terribles, pero existe la posibilidad de encontrar un refugio en alguna parte, lo mismo terremotos y derrumbes.
¿No le gusta el tema?
Pero seguro sí le ha encantado ver alguna de las películas de la franquicia “Destino Final” y es lógico, ahí las cosas terribles y horrorosas les suceden a otras personas mientras usted come palomitas de maíz acompañadas de un vaso gigante de gaseosa y trata de adivinar la secuencia de eventos, de pequeños a grandes, que van conduciendo a la muerte de los protagonistas.
Hay muertes que yo llamaría “especializadas”, como son embestido en una corrida de toros o cuerda reventada de alpinista, definitivamente hay que buscarlas, no llegan por casualidad. Paracaídas que no se abren es una variante del tema “muerte por opción”.
Discusiones políticas o deportivas a veces producen grandes resultados en lugares inesperados reuniones familiares o de amigos, inclusive funerales.
También, en este género, está el transporte masivo, en rutas urbanas e interurbanas, así como las siempre populares excursiones grupales.
Tocando apenas una parte de todas las posibilidades, ya escogió la menos favorita suya (o sea la que preferiría evitar) o la que desearía.
Finalmente, sin tomarla muy en serio, ¿cuál sería el texto que quisiera en su lápida?
Yo, de momento, tengo pensado: “Ya verán lo oscuro que está aquí» o “Se los dije, de esta nadie sale vivo”.






