sábado, marzo 7, 2026

Capitalinos se dan cita en El Picacho para disfrutar el ambiente navideño

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Un letrero grande multicolor con el “Feliz Navidad” recibe a los turistas que deben pagar un boleto de 50 lempiras por la noche. Las visitas nocturnas compiten ahora con la belleza escénica del día y la variedad del zoológico Rosy Walther, ahora más cuidado.

El paseo nocturno puede ser tan fascinante como en el día con la compañía inevitable del aire puro, el clima helado y los miradores espectaculares de la capital a más de mil metros sobre el nivel del mar.

Las luces se encienden a partir de las 5:00 de la tarde con el “Feliz Navidad”.

De poco a acá, cientos de capitalinos se escapan después de las 5:00 de la tarde para compartir con familiares y amigos momentos agradables en el cerro más famoso de la ciudad. Ya no se trata solo de visitar la colosal escultura del Cristo sino también de saborear cafés sobre el filo de la monataña, degustar comidas típiccas en los restaurantes, barbacoas al aire libre, columpios, paseos en bicicletas para todas las edades y caminatas por los frescos senderos adornados de foquitos verdes, rojos y amarillos.

Las reservaciones a bajo costo para celebraciones de cumpleaños, bodas y eventos similares en los kioskos disponibles por todo el parque le están quitando clientela a los costosos locales de la ciudad.

Las visitas se prolongan hasta las 10 de la noche pero puede ser abortada por una llovizna repentina o el manto espeso de la neblina que arropa fantasmalmente a los turistas, obligándolos, al mismo tiempo, a llevar sus chumpas para soportar la caída de la temperatura por debajo de los 10 grados.

Las bicicletas son rentadas pero los visitantes pueden llevar las propias.

La llegada de la noche puede estar acompañada del bullicio de mancuernas de pericos que llegan desde tierras lejanas a comer frutos silvestres. También puede ser aprovechada por una pareja de novios para comerse a besos entre la foresta o por los amantes de selfis para sacarse panorámicas de la capital con el estadio, la pista del aeropuerto, el Cerro Juana Laínez o los nuevos edificios de gran altura como el Centro Cívico Gubernamental.

Como parte del paseo, los niños pedalean de arriba y abajo por las calles de tierra mientras otros suben las altísimas escalinatas en réplias mayas o saborean un café de palo en una de las champas. Cuando la gente regresa a casa, el parque entra en una especie de receso pero las lucecitas siguen en insomnio hasta que llega el alba a la espera de nuevos turistas. Abajo, la ciudad se asemeja a una inmensa manta llena de luciérnagas. (EG)

Los columpios son otro de los atractivos para los niños.
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