Así lo señaló la directora del Observatorio de la Violencia del Instituto Universitario en Democracia, Paz, y Seguridad (OV-IUDPAS) de la Universidad Nacional autónoma de Honduras (UNAH), Migdonia Ayestas, quien advirtió del peligro que representa normalizar la violencia en una sociedad como la de Honduras, carente de educación e identidad nacional.
Cuando un hondureño compra un vehículo para no utilizar el transporte público, está evitando exponerse a la violencia que puede sufrir al hacer uso de los servicios de un bus y un taxi, ahí se encuentra implícita la normalización de la violencia dijo la experta.
Los hondureños están invirtiendo más en seguridad y lo hacen como parte de una normalización de la violencia en el país que mantiene una tasa de homicidios de 41.7 % por cada 100 mil habitantes, es decir un promedio de 41 muertos de manera violenta por cada 100 mil habitantes, una cifra alta si toma en cuenta que la nación centroamericana, cuya población neta es de 9.6 millones de habitantes, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Normalización de la violencia
Hacer muros en la casa, colocar serpentinas e invertir en sistemas de cámaras de seguridad son algunos de los hábitos más comunes que los hondureños adoptan ante una normalización de la violencia, reflexionó la directora del ONV-IUDPAS.
En ese sentido concluyó que, la seguridad es un negocio creciente y el hecho del crecimiento de los mismos colige ya que existe en la percepción de la población mayor violencia.
Los negocios de seguridad han crecido tanto que ya es un negocio ofrecer guardias de seguridad o guardaespaldas, apuntó.
Si no existieran índices tan elevados de violencia, no fuera necesario que los hondureños adopten dentro de su canasta básica de consumo los servicios de seguridad, zanjó.
“El parque vehicular ha aumentado en el país (lo que provoca mayor tráfico) porque la gente tiene miedo de usar el transporte público por las muertes violentas, extorsiones, robos y hurtos, entonces están comprando sus propios vehículos para ir a sus trabajos o centros de estudios”, caviló.
La violencia está tan normalizada y el hondureño no la percibe que se coloca en un nivel alto de endeudamiento para evitar en su imaginario la violencia, percepción que se pierde en la realidad ya que no existe ninguna garantía para evitar ser víctima directa o indirecta de la violencia en la geografía nacional.
“Esto ya está siendo caro para la ciudadanía que tiene que pedir préstamos a las instituciones bancarias y pagarlos mensualmente para no ser víctimas de la violencia”, aseveró.







