domingo, mayo 26, 2024

¿Qué hay en Netflix? | The O. A.

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Por Darío Cálix | escritor hondureño nacido el 24 de junio de 1988. En el 2011 publicó Poff, su primera novela. En el 2015 publicó un libro de cuentos titulado “El Último tango en San Pedro”, que puede comprar en la Librería Caminante de San Pedro Sula y en Librería Guaymuras de Tegucigalpa.



The O.A. fue uno de los últimos estrenos que hará Netflix este 2016 que ya se va.

Fue lanzada sin bombos ni platillos, a diferencia de casos como el de «Stranger Things», por ejemplo, a la que se le hizo muchísimo buzz por diferentes medios previo a su estreno.

He leído en muchas reseñas que se le ha comparado de otras formas a esa misma serie. Y hay, efectivamente, algunos hilos en común en la trama. Se trata en ambas el tema de las dimensiones paralelas y de mundos alternos que interactúan de alguna manera u otra entre sí.

Pero The O.A. se expande a muchos más temas y emociones.

Precisamente en lo segundo me parece que es infinitamente más compleja que Stranger Things, que a decir verdad, la única emoción a la que apeló fue a la más barata de todas: la nostalgia. Y la nostalgia ochentera, ¿hay cosa peor que esa?

Habiendo dicho eso, es una serie difícil de explicar. Pero vamos a intentarlo.

Arranca con la escena de una joven de extraña apariencia que salta de un puente con el propósito de suicidarse, obviamente. Tras darnos cuenta que su intento fracasa, se nos va relatando que Prairie, la chica del puente, había estado desaparecida por más de 7 años.

Entonces se devela un primer misterio: antes de su desaparición, Prairie era ciega; pero ahora puede ver.

Además, Prairie tiene extrañas laceraciones en su espalda, como símbolos que se rehúsa a explicar. Torturas de su captor, asume todo mundo.

Como es normal -imagino yo- en alguien que ha permanecido en cautiverio por tanto tiempo, le cuesta mucho trabajo interactuar con la gente, que en este punto de su vida se ha reducido a sus dos ancianos padres y las autoridades que quieren dar con él o los culpables.

Debo decirlo, la primera media hora y tal resulta muy aburrida. Pero la recta final del primer episodio tiene el primer giro sorprendente y después de ahí ya no hay vuelta atrás.

Prairie entra en contacto con un grupo de colegiales y una maestra de los mismos de lo más variopinto, todos outsiders y lidiando con complejos típicos de su edad (inseguridad, sexualidad, primeras muertes y primeros amores). Gente perdida que anda buscando desesperadamente ese algo.

A ellos les contará su historia, la historia de su niñez y la historia completa de su cautiverio de 7 años.

Esa historia dentro de la historia es lo maravilloso de la serie. Cinematográficamente alcanza unos puntos bien altos en escenas surreales que se presentan en la mayoría de los episodios.

Conocemos entonces a un doctor malévolo (una genial actuación, por cierto) que secuestra personas para llevar a cabo retorcidos experimentos, todo con el afán de investigar si hay vida después de la muerte.

Prairie resulta ser la pieza clave para demostrar que sí lo hay. ¿O no?

Hay temas adyacentes como las premoniciones e inclusive las enfermedades mentales que le añaden complejidad a la trama. Termina siendo poética en el sentido de que el espectador al fin y al cabo puede decidir de qué va o de qué no va la cosa.

Al final puede ir de muchas. A pesar de las interrogantes, el final de la primera temporada es sorprendentemente satisfactorio.

Desde la vida después de la muerte, la violencia humana y hasta la existencia de ángeles conforman una trama que aparenta ser de lo más mística, pero que es en realidad un cuestionamiento -no precisamente una refutación- constante sobre esos temas.

 

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