domingo, marzo 8, 2026

Libre, desgranando la mazorca

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Por

Juan Ramón Martínez

Desde el principio sabíamos que Libre, se iría desgajando. Y como una mazorca que pierde los granos, terminaría como un olote, perdido en la basura de la historia. Como les ha ocurrido a los terceros partidos que han pretendido, destruir el bipartidismo nacional. Le ocurrió a Policarpo Bonilla, con el Partido Liberal Constitucional, a Tosta con el Partido Republicano, a Williams Calderón y a Gálvez con el Movimiento Nacional Reformista, a Roque J. Rivera con el Partido Liberal Ortodoxo y a Carías, con el Partido Popular Progresista. Sin olvidar los esfuerzos de los que, imaginaron que el país estaba listo para el PINU, el PDCH, el PCH, UD, PAC, Alianza Patriótica y otros pequeños grupos partidarios. En el caso que nos ocupa, lo que más llama la atención es la rapidez con que Libre, una vez en el poder, fractura su bancada y expulsa a los diputados que, en una muestra de debilidad, Manuel Zelaya, había conciliado con ellos, en un perdón que no pasó del diente al labio. Porque ahora, los perdonados por el “padre afectuoso”, han sido expulsados y según ha dicho uno de ellos, crearán una bancada independiente. Son 21 diputados propietarios y 6 suplentes.

Aunque habíamos anticipado, el rápido deterioro de las bases de Libre, no creíamos que su fin, fuese tan pronto y que ocurriera incluso en vida de su fundador, “alma nutricia” y razón de existir: Zelaya Rosales. En las elecciones internas, en una rara práctica en un partido caudillista como es Libre -aunque algunos intelectuales inocentes crean lo contrario y consideren que pueden crear una base teórica que le permita la sobrevivencia después de la desaparición del caudillo propietario del mismo- vimos la primera manifestación de anomia política: la formación de corrientes internas que, por primera vez ponían en duda, la decisión del coordinador general que, la candidata presidencial fuese su esposa y nadie más. El resultado alcanzado por Nelson Ávila, que sorprendió a todos, mostró que en Libre se estaba incubando, lo que nos pareció una contradicción, un clima de disidencia interna, en un esquema democrático incompatible con un partido tradicional y conservador como al que nos venimos refiriendo. Por ello, celebramos la aparición de una corriente con fuerza y que, logrará un porcentaje tan alto, especialmente porque era primera vez que ocurría. El resto de los movimientos, era mero juego porque todos ellos llevaban como candidata a Xiomara Castro.

Otra razón por la que vimos con simpatía que Libre mostrara indicaciones de discusión democrática, era la opinión que teníamos de Zelaya. Desde que lo conocimos en la directiva de Cohdefor, donde representaba a los industriales de la madera, nos pareció un líder simpático, amigable, dispuesto a la discusión y sin espacio para los rencores. Pero ahora que ha regresado al poder, aunque bajo la sombra legal de su esposa, hemos sabido de expresiones suyas, dichas a Cálix y compañeros de desobediencia, “que los perdonaba; pero que, en su corazón, seguirían siendo, traidores”. Que habían perdido su confianza. Hicieran lo que hicieran. Un caudillo rencoroso.
Aunque los disidentes -que tocaron la fibra de los intereses familiares que son más sensibles que los políticos partidarios- siempre votaron siguiendo las órdenes de presidencial, nunca fueron perdonados. Se les trató con indiferencia y hostilidad. Estas dos conductas y la expulsión -medida impolítica y sin efectos prácticos- indicación de proceso de deterioro, es notorio, rápido y con un final que todos podemos anticipar. Porque si Libre venía perdiendo sus bases más agresivas y pro chambas públicas, la reticencia y tibieza de los seguidores de Nasralla y si ya no cuenta, con el fantasma de JOH que le produjo el respaldo de todos los que rechazaban sus dos gobiernos, -el legal y el ilegal-, ahora la prisa por convocar un plebiscito y pretender una constituyente, comprometen su existencia. Si las elecciones fueran el último domingo de junio, Libre perdería las elecciones y caería derrotado por el Partido Nacional, aunque muchos de sus líderes todavía estén atosigados por el sentimiento de culpa que algunos no pueden evitar.

El camino seguido por Libre, acelerando sus contradicciones con Estados Unidos y apurando su ingreso al “club de los dictadores”, es absolutamente equivocado. Porque empobrecerá a Honduras y evitará la cooperación entre sus fuerzas internas. Libre, está condenado a desaparecer. Fortaleciendo el bipartidismo.

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