Nery Alexis Gaitán
José Manuel Zelaya Rosales empezó su mandato el 27 de enero del 2006, bajo el lema del “Gobierno del Poder Ciudadano”. Desde el mismo día de su toma de posesión, dio a conocer que era un hombre caprichoso, ya que un expresidente liberal le había redactado un discurso consecuente con tan importante ocasión, donde se evidenciaba el deseo de sacar adelante al país de los problemas que enfrentaba, pero Zelaya, a último momento, decidió no leerlo e improvisar, devolviendo el documento a un edecán con palabras fuera de tono. El resultado fue un discurso incoherente, falto de vitalidad, sin adquirir compromisos con el bienestar de la nación; solo se recuerda de ese discurso su afirmación mentirosa de que en su gobierno nadie iba a robar, mentir o matar.

Lo que caracterizó el gobierno de Zelaya desde su inicio fue el populismo malintencionado; así como muchos desaciertos políticos, económicos y sociales; el abuso de autoridad; el tratar de creer que él estaba por encima de la Ley; el creer que los que le rodeaban tenían toda la verdad; la corrupción, que es más que patética en este país y que sigue causando efectos negativos en todos los sectores; la falta de respeto a la democracia y la maldad con que actuaron muchos de sus ministros y otros empleados.
Desde el inicio de su gobierno, Zelaya se enfocó erróneamente en algunos aspectos. 1. Criticar duramente la administración anterior como la causante de muchos problemas del país. 2. Criticar a la empresa privada por ser representantes del “capitalismo salvaje y cruel”, por no generar riqueza y ser mezquinos y crueles con los trabajadores. 3. Criticar a los medios de comunicación masiva, por no promocionar, según él, las actividades que su gobierno hacía para favorecer a los pobres; y que solo destacaban aspectos negativos de su gobierno. 4. Criticar al gobierno de los Estados Unidos por ser el imperio del “capitalismo salvaje”. 5. En su etapa final, a desacreditar las instituciones democráticas, los partidos políticos y los demás Poderes del Estado.
Era notorio el proceder errático de Zelaya al ser incapaz de manejar un discurso adecuado, profesional, que reflejara que conocía a fondo los problemas reales del país. En todo momento era evidente su incapacidad para gobernar y administrar los bienes del Estado con propiedad. A esto se suma su característico accionar personal con tintes de megalomanía. Las expresiones altisonantes, inapropiadas en boca de un Presidente, en él eran habituales, así como sus poses actorales, su sombrero Stetson, sus botas de vaquero, su famoso bigote, tocar la guitarra y cantarle a sus oponentes canciones insultantes, o cantar con los Tigres del Norte; y demás desaciertos en su proceder personal, que solo reflejaban una personalidad problemática sin capacidad para gobernar al país prudentemente.
En términos económicos “el presidente Zelaya heredó una situación macroeconómica muy favorable, inflación baja, deuda externa condonada, reservas internacionales altas, una estrategia contra la pobreza, una política pública salarial definida, estabilidad del Lempira y un déficit fiscal acorde”. Pero toda esta situación favorable desapareció en poco tiempo al despilfarrar los bienes del Estado inmisericordemente. Se malgastó el dinero condonado para la Estrategia de Reducción de la Pobreza (ERP), y los gastos excesivos, el despilfarro a manos llenas, llevaron el gobierno a la bancarrota. Como ejemplo, puedo mencionar el dispendio de Zelaya en puros, joyas y caballos, gastos pagados con fondos de Casa Presidencial y que ascendieron a más de 123 millones de lempiras, según un informe preliminar del Tribunal Superior de Cuentas. Para finales del 2008, la deuda externa se había disparado, la inflación iba para arriba, el déficit fiscal se había incrementado, la masa salarial casi se había duplicado y el crecimiento de la economía se había desacelerado. Fue notorio su accionar populista al instaurar ciertos programas sociales de poco alcance e impacto entre las mayorías, en su deseo de congraciarse con ellas; por ejemplo, a finales del 2008, en una forma inconsulta, elevó el salario mínimo en un 61%, lo que causó un gran impacto negativo en la economía del país ya que muchas empresas se vieron obligadas a cerrar y a despedir a sus trabajadores.
Su política exterior, endeble y errática, no le permitió fortalecer lazos con países cooperantes que le ayudaran a mejorar la economía. Al contrario, los desaciertos de los cancilleres, tuvo tres, fueron evidentes, incluso uno de ellos renunció por escándalo público relacionado con problemas de alcoholismo. A esto se suman sus desacertadas críticas a la política exterior del gobierno de los Estados Unidos. Asimismo el acercamiento, bajo la influencia directa de la excanciller Patricia Rodas, con la izquierda mundial, no dejó lugar a dudas de las intenciones socialistas y continuistas de Zelaya.
La doctrina liberal, democrática y republicana, llevó a Manuel Zelaya a la Presidencia. Pero ya una vez en el poder, él empezó a alejarse de la doctrina liberal al inclinarse hacia formas y tendencias de izquierda. Para iniciar, basó su doctrina de gobierno en el “Poder Ciudadano” que es una forma populista que consiste en aparentemente hacer partícipe al ciudadano en las decisiones del gobierno. Para ello crean, entre otros mecanismos, las “Mesas del Poder Ciudadano”, en donde la gente habla con el Presidente, le plantea sus problemas y él promete solucionárselos en corto tiempo. Así, según ellos, la sociedad pasa de una democracia representativa, a una democracia participativa, pero eso es una falacia ya que es imposible que toda la ciudadanía tenga parte activa en la administración del gobierno. Pero, como toda forma populista, lo que busca es obtener el apoyo de las grandes mayorías, mediante financiamientos a organizaciones populares y algunos proyectos sociales de dudosa elaboración, para resaltar figuras políticas y al mismo tiempo establecer sistemas administrativos plagados de corrupción para favorecer al “caudillo” y al grupo selecto que gobierna. En ningún momento son artífices de verdaderos cambios sociales y económicos; al contrario, se sirven de las masas y de los bienes del gobierno para su desmesurado lucro personal. Resultando en grandes decepciones para el pueblo, que es engañado mediante campañas mediáticas deshonestas y pequeños paliativos sociales.
La ideóloga del “Poder Ciudadano” fue Patricia Isabel Rodas Baca, ella ya había tenido una trayectoria en movimientos de izquierda a través de los años. Por ser la hija de Modesto Rodas Alvarado, indiscutible líder liberal, Manuel Zelaya la anexa a su movimiento, y ella le hace entrega del famoso sombrero simbólico de su padre a quien apodaban el “León del Liberalismo”. “Después de dar mil y un rodeos en su vida personal, política e ideológica, Patricia Rodas encontró por fin el camino. Su amor por su padre y su admiración infantil por el sombrero, el caballo y la mano firme del ganadero salvaron a la hija menor del llamado “León del Liberalismo” de las garras ideológicas de la izquierda, en donde se movió durante años. Después, la altura y prestancia de ‘Mel’ Zelaya, con su sombrero ranchero y su amplio bigote la sedujeron. En trueque, ella le enseñó a Zelaya muchas de las habilidades de la izquierda y así ambos quedaron atrapados en una enredadera ideológica en donde tienen cabida las costumbres de la hacienda, la atracción por el poder del Pentágono, la admiración por Hugo Chávez, el canibalismo político, la revolución latinoamericana, el clientelismo, el nepotismo y el chamberismo. Y por supuesto, la plaza revolucionaria y multicolor”. Se establece entre ellos una relación muy cercana y es notoria la influencia que ella ejerce en Zelaya, quien falto de una adecuada preparación intelectual y política ( ) se deja seducir por propuestas populistas con tendencia hacia la izquierda, posiciones que nunca abandonó Patricia Rodas, quien ejerce también influencia notoria en el grupo de “los Patricios”, colaboradores cercanos a Zelaya y que apoyaban la tendencia política de izquierda. Aunque no se puede culpar en su totalidad a Patricia Rodas del descalabro político e ideológico en que cayó abatido Manuel Zelaya, sí tuvo que ver en la inclinación de este hacia la izquierda y posteriormente su influencia fue mayor una vez que tomaron el poder y los vínculos con la izquierda mundial fueron más sólidos.
Una vez que Zelaya fue abanderado del Poder Ciudadano, hizo una transición hacia la izquierda, en la cual encontró, en el “Socialismo del Siglo XXI”, como denominaban al Poder Ciudadano, la posibilidad de seguir en el poder, a través de un continuismo “democrático”, al estilo de Hugo Chávez y demás presidentes de América del Sur, que seguían esta tendencia. Patricia Rodas se había encargado de ir estableciendo relaciones más cercanas con Daniel Ortega en Nicaragua, Fidel y Raúl Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, y diversos dirigentes populares de varios países, a los cuales fue contactando con Manuel Zelaya. Al respecto, fueron notorias las declaraciones del expresidente, cuando aseveró: “Este gobierno se ha definido como un proyecto basado en la doctrina del liberalismo social e ideológicamente ubicado en la centroizquierda, pero si nuestros críticos creen que eso es peligroso, entonces que quiten lo de centro para que queden más tranquilos”.
Fuente: Gaitán, N. A. Libro inédito. “La Crisis del 2009”.





