sábado, abril 20, 2024

Clint Eastwood tiene noventa y tres años y continúa actuando y dirigiendo películas.

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“Cuando me levanto todos los días no dejo entrar al viejo. Mi secreto es el mismo desde 1959: mantenerme ocupado.

Clint Eastwood tiene noventa y tres años y continúa actuando y dirigiendo películas. ¡Asombroso! Lo recordamos con nostalgia cuando éramos unos chiquillos de corta edad en los llamados spaghetti western de Sergio Leone, que mirábamos en el cine de los recordados amigos Miguel Hasbun y Sulema Caballero, en la ciudad de Santa Bárbara. Esta trilogía del dólar consta de: “Por un puñado de dólares”, “Por unos dólares más”, y “El bueno, el feo y el malo”. Durante los años 1970 y 1980, inmortalizó al detective Harry Callahan, un violento y rudo inspector del departamento de homicidios de la policía de San Francisco (California), en la serie de películas de Harry el Sucio, que dio lugar a cuatro secuelas igualmente exitosas.

Tortuoso camino de redención

A medida iba entrando en edad, su estilo fue dando paso al abordaje de temas históricos, biográficos, o más emocionales conectados con la convivencia de los humanos en sociedad, tales son los sentimientos del amor, el romance, el odio, el coraje para enfrentarse a la injusticia, el paso del tiempo, etc. De donde surgieron títulos afamados como “Los puentes de Madison”, “Río Místico”, o más recientemente, “Golpes del destino”, “Los imperdonables”, “Banderas de nuestros padres”, “Cartas desde Iwo Jima”, “El Gran Torino”, “La mula”, o “Cry Macho”, entre muchas otras.

“Todo el mundo se pregunta por qué sigo trabajando a esta edad. Sigo trabajando porque siempre hay nuevas historias… Mientras la gente quiera que se las cuente, lo seguiré haciendo”, confiesa este referente del séptimo arte. En el 2018 durante un encuentro entre el veterano actor y el músico de country Toby Keith, en un torneo de golf en California, éste sorprendido por la energía del cineasta, le preguntó cuál era su secreto para mantenerse vigente y activo, a lo que Eastwood contestó:

“Cuando me levanto todos los días no dejo entrar al viejo. Mi secreto es el mismo desde 1959: mantenerme ocupado. Nunca dejo que el viejo entre en casa. He tenido que sacarlo a rastras porque el tipo ya estaba cómodamente instalado, dándome el coñazo a todas horas, sin dejarme espacio para otra cosa que no sea la nostalgia. Hay que mantenerse activo, vivo, feliz, fuerte, capaz. Está en nosotros, en nuestra inteligencia, actitud y mentalidad. Somos jóvenes con independencia. Hay que aprender a luchar por no dejar entrar al viejo. Mantengo distante y vigilado a ese viejo que nos aguarda apostado y cansado a la orilla del camino para desanimarnos una y otra vez”.

“No dejo entrar al espíritu viejo, al criticón, hostil, envidioso, a ese ser que escudriña en nuestro pasado para anudarnos de quejas y remotas angustias, y de traumas revividos o de olas de dolor. Hay que darle la espalda al viejo murmurador, lleno de rabia y quejas, de falta de valor, que se niega a sí mismo que la vejez puede ser creativa, decidida, llena de luz y de protección. Envejecer puede ser agradable, e incluso divertido, si sabes cómo emplear el tiempo, si estás satisfecho con lo que has logrado y si sigues conservando la ilusión”.

Las palabras de Eastwood inspiraron a Toby Keith a componer la canción “Don’t let the old man in” (No dejes entrar al viejo), dedicada al legendario actor. La canción dice así: “No dejes entrar al hombre viejo. Quiero dejar esto solo. No puedo dejárselo a él. Está tocando en mi puerta. Y lo supe toda mi vida. Que algún día terminaría. Párate y ve afuera. No dejes que entre el hombre viejo. Tantas lunas he vivido. Mi cuerpo está desgastado y deteriorado. Pregúntate ¿cuántos años tendrías si no supieras el día en que naciste? Intenta amar a tu esposa y quédate cerca de tus amigos. Brinda cada puesta de sol con vino. No dejes entrar al hombre viejo… Cuando él se suba a su caballo y sientas ese frío y amargo viento. Mira por tu ventana y sonríe. No dejes entrar al hombre viejo”.

Bellísima canción que fue incluida en la película de Eastwood “La Mula” de 2018, basada en un artículo del New York Times sobre la historia real de Leo Sharp, un veterano de la segunda guerra mundial y horticultor que a sus ochenta años se convirtió en traficante de drogas del Cártel de Sinaloa. En el filme, Earl Stone (Clint Eastwood) es un octogenario veterano de la guerra de Corea, y experto en cultivar flores, ocupación que le ha llevado a recorrer a lo largo y a lo ancho los Estados Unidos, pero al precio de descuidar a su familia, esposa (Dianne Wiest), hija (Alison Eastwood, su hija en la vida real), y a su nieta (Taissa Farmiga), de los que se ha distanciado, por lo que está solo y en quiebra, ya que se enfrenta a una ejecución hipotecaria de su negocio.

Es entonces cuando le ofrecen un trabajo que simplemente le exige conducir. Todo parece bastante fácil, pero, sin Earl saberlo, por lo menos en las primeras entregas, es que lo realmente está haciendo es transportar cocaína entre varios estados de Estados Unidos, para un cartel mexicano. El dinero viene muy bien para ayudar a las necesidades de ancianos, algunos veteranos de guerra, como él, e incluso a esa familia a la que ha perdido, y de la que intenta redimirse de alguna forma.

Todo se complica cuando el agente de la DEA, Colin Bates (Bradley Cooper) con ayuda de su compañero Treviño (Michael Peña), empiece a investigar esta misteriosa mula, conocida con el sobrenombre de Tata, que ha resultado la tapadera perfecta, ya que por su edad y bondadosa personalidad ha pasado inadvertido ante la policía. “La mula”, es un filme competente, efectivo, personal y fascinante cuya grandeza radica en la simpleza de los elementos narrativos, la puesta en cámara y la elocuente manera en la que desenvuelve la trama. “Es un retrato modesto, pero razonablemente suspensivo y permanentemente extraño del anciano hombre blanco estadounidense tratando en vano de evitar el rechazo y la irrelevancia”. David Edelstein. New York Magazine/Vulture.

“Agradable, inteligente y nada complaciente historia… una nueva reivindicación de la ancianidad y la experiencia de la vida, la posibilidad de poder tomar aún decisiones, y de aceptar la responsabilidad por las propias acciones, la vida sigue, y “aunque tengas 99 años, deseas cumplir 100”. José María Aresté. https://decine21.com/

 

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