Carolina Alduvín
Pasaron las esperadas elecciones en Venezuela, para quienes siguieron su desarrollo durante el domingo, o antes incluso, estaba más que claro el rotundo y mayoritario rechazo popular al actual. También eran más que evidentes las señales previas a lo que finalmente ha ocurrido: amenazas abiertas con baños de sangre por parte del propio dictador en caso de no conservar el poder. Otro presidente con la misma línea ideológica lo llamó al orden, bajó el tono más no las intenciones; ya más cerca a la fecha, se niega autorización para que el avión con observadores internacionales democráticos y de alto rango latinoamericanos, aterrizara en Maiquetía; sin embargo, todo simpatizante ideológico fue bienvenido, en cuenta serviles funcionarios y diputados refundidores de la presente administración.
No conformes con hacer turismo electoral a cargo de nuestros impuestos, la vaca daltónica redacta muy prematuras felicitaciones a nombre de la voz de pitoreta. Mejor evidencia de que ya el fraude estaba montado, imposible. Estos arrastrados, no sólo deben millones al régimen chavista, sino que todavía no sienten haberse reivindicado del estrepitoso fracaso en el intento de 2009; así que sienten la compulsión de exagerar el movimiento de doblar la cerviz y agitar el coxis ante la presencia del amo busero venido a más. En respuesta a tan desatinado comportamiento, se denuncia desde el Congreso de nuestro principal socio comercial una patética decisión que convierte a Honduras en un Estado paria. La señora nos avergüenza, en un acto que constituye una burla a la inteligencia y la dignidad del pueblo venezolano y el nuestro.
El delito electoral perpetrado por el régimen chavista va más allá del simple fraude; dado que eso apenas es un engaño mediante el cual alguien perjudica a otro y se beneficia a sí mismo. Lo ocurrido es una alteración antojadiza de los contundentes resultados que constan en actas. Es un robo descarado, desde el momento mismo que media violencia electoral para destruir o desparecer la evidencia que no soporta su falso triunfo. Es más que un delito que comete el encargado de vigilar la ejecución del proceso; en este caso el CNE de aquel país, confabulado con la representación de los intereses dictatoriales. Va más allá de un acto realizado para usurpar derechos ciudadanos expresados en las urnas. Implica todo tipo de persecuciones y actos deleznables con tal de sostener su mentira. El número de opositores asesinados y tiroteos va en ascenso.
El Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela anunció que el dictador fue reelegido con poco más de la mitad de los votos, frente a un 44.2% del candidato opositor, con el 80% de las mesas escrutadas y una participación del 59%. La oposición rechaza tales resultados alegando fraude, declarado al momento en que se hizo evidente que no había manera de revertir la tendencia. Las actas en poder de los demócratas indican que su candidato obtuvo no menos del 70% de los votos. También acusan al CNE por múltiples irregularidades y exige la publicación detallada de las actas de votación. Al redactar estas líneas, no hay resultados oficiales, aunque el presidente del CNE, afirmó irreversibilidad en la tendencia y el chavismo llamó a sus seguidores a movilizarse. Los opositores no reconocen los resultados y convocan a defender la voluntad de los votantes.
La comunidad internacional, incluyendo a USA, Canadá, toda Europa occidental y la mayoría de los países latinoamericanos, han cuestionado los resultados o pedido un recuento transparente de los votos. La candidata del Partido Demócrata y el secretario de Estado de USA, exigen se respete la voluntad del pueblo venezolano. El dictador, tras falsear su triunfo, asegura que en Venezuela habrá paz y estabilidad, miente acerca de la transparencia del CNE y alienta la violencia callejera que todos no para de evidenciarse en numerosos vídeos. Se afirma victoria por parte de la oposición y en posesión de los respectivos documentos denuncia el delito electoral que va más allá del fraude, encontrando eco y apoyo tanto dentro como fuera del país.
Fraude ocurre cuando se alteran algunos miles de votos para sobrepasar la mayoría simple requerida para ganar los comicios, pero lo ocurrido el domingo va mucho más allá y los turistas electorales liebres andan tomando nota de como perpetrar aquí lo mismo el 2025. Alerta.





