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Aunque estos estudios no encontraron una relación causa-efecto, muchas autoridades sanitarias y empresas del sector de la alimentación aseguraron que dichos estudios sí probaban que desayunar protegía a las personas del aumento de peso.
Pero algunos experimentos en los que asignaron gente al azar para que desayunaran o ayunaran no llegaron a la misma conclusión. Uno de los más recientes, publicado en febrero, no encontró diferencia “en el cambio del peso corporal y el estado de salud” entre las personas a las que se les pidió que desayunaran durante seis semanas y quienes ayunaron durante el mismo periodo de tiempo.
James Betts, profesor adjunto de nutrición y metabolismo de la Universidad de Bath en Inglaterra, y uno de los autores del estudio, cree que “desayunar o ayunar no tiene, por sí mismo, un impacto en tu peso”.
El Dr. Betts dijo que, a diferencia de las pruebas aleatorias, los estudios observacionales podrían ser engañosos. Muestran, por ejemplo, que la gente que desayuna también tiene otros comportamientos asociados con la buena salud. Tienden a beber y fumar menos, consumir menos azúcar, comer más fibra y hacer más ejercicio que quienes se saltan el desayuno.
“Todo lo que sabemos a partir de los estudios observacionales es que la gente que desayuna es más delgada” dijo. “Pero puede que otros factores sean la razón”.





