Gustavo Adolfo Milla Bermúdez
(Lic. Economía Política)
Nosotros hemos llegado a una etapa de la civilización en la que necesitamos que los objetivos de la política nacional cambien. Esa política abyecta que comete acciones condenables, despreciables de bajeza, vileza y ruin, no puede seguir siendo y no lo seguiremos aceptando a los mal llamados socialistas del siglo XXI, tanto de izquierda y derecha, convertidos en el objetivo único de apoderarse del presupuesto para regocijo y beneficio del nepotismo de una minoría sin conciencia. No se trata de quien hace mejor obra para el desarrollo del país, sino quien roba más. Nosotros tenemos hombres explotados de todos los partidos, tenemos que cambiar el rumbo a esa política que por historia los bandoleros atorrantes se han entronizado en el Estado. Ello no pude ser frases, ni los credos metafísicos para equidad. La política no es eso. Tenemos que luchar todos por cambiarle el objetivo, porque la política es cosa muy distinta. Es la más alta misión del hombre sobre la tierra, porque consiste en idealizar la realidad y realizar el idealismo.
Es algo muy hondo, porque es el empeño altruista de los hombres por construir al mejoramiento colectivo, abandonando el egoísmo de las propias conveniencias y las propias ventajas. La política, en esta etapa revolucionaria que vive el mundo, no consiste ya en la pugna por tesis políticas utópicas en un país donde toda la mayoría somos demócratas. No consiste en los viejos odios metafísicos, ni en los nombres y los hombres mentirosos como el actual “Asesor”, que se dedica a la persecución del adversario. La política de hoy–a estos farsantes, corruptos y abusadores del poder les queremos gritar –es la vida de nuestro hogar, nuestra habitación, nuestro alimento, nuestro pan, nuestra lecha, nuestra carne, nuestros hijos. Todo lo demás que se diga es pura falacia tóxica en boca de farsantes sin moral y sin honor. La política hoy no consiste solo en saber quién tiene el mejor programa para preparar técnicamente a nuestros compatriotas, sino también quien tiene capacidad vital para que esos programas no sean simples palabras, sino realidad ejecutante. Queremos si la vitalidad humana que sea capaz de llevar a la práctica los programas que enarbole. Queremos saber cuáles son los hombres que pueden dar esa nueva orientación, pero esa orientación verdadera, hay que hacerla con temperamentos enérgicos, con posibilidades jóvenes, con hombres organizadores y capaces.
Por todo ello, hay la necesidad de una revolución, pero no con el concepto pueril que algunos no tiene sobre esa palabra; no con la creencia de que la revolución es muerte, exterminio, desconocimiento de las realidades nacionales, precocidad impetuosa, torpe y ciega. ¡NO! la revolución es el ritmo evolucionado que un día culmina en una etapa histórica. La revolución es precisamente la desaparición del desorden, del odio y de la muerte revolución, para quien la entiende en su sentido constructivo es nada menos que remplazar por un orden nuevo y desorden que no le interesa ya a la república. Así entendemos el orden de una expresión de revolución; con distintos conceptos y distintos hombres honrados y honestos, pero con nociones sobre los derechos del trabajo humano.
Respetemos las ideas, pero sin odios tóxicos, respetemos personalmente a los que tienen ideas opuestas y no sátrapas ni apátridas como los de “Libre” o los del Socialismo del siglo XXI que quieren esclavizar al pueblo con el “modelo de Venezuela sin Dios y sin pan.
Recordando el imperio de los líderes como José Ramón Adolfo Villeda Morales, José Simón Azcona, Roberto Suazo Córdoba y el ingeniero Carlos Roberto Flores.
La historia se engalana con sus nombres; y el verbo de ellos lleno de llamas porque exigían la libertad y con su palabra una aureola de grandeza en el alma del pueblo. Las cenizas inmaculadas de estos grandes hombres, caudillos del liberalismo, exponentes del alma nacional, suben al cielo en mensajes de dolor, porque la patria de Francisco Morazán y Cecilio del Valle se ha roto en pedazos por malos gobernantes del “Socialismo democrático” y “Libre”. La patria no nos permite cruzarnos de brazos y mirar que los tránsfugas quieren transformar nuestro modo vivendi que siempre hemos vivido en democracia y libertad. Lucharemos hasta el final. ¡” No lo duden”! “Libertad o muerte”.





