jueves, julio 7, 2022

El hondureño mediocre

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Por, Nery Alexis Gaitán

El virus de la mediocridad

Ya sabemos que el mediocre no cuestiona nada, todo lo acepta de buen grado y es una fiel oveja social. Los políticos se le suben en la espalda y él, gozoso, los carga; y toma como normal el cúmulo de desgracias que ese peso le acarrea. Es un manso buey social.
El mediocre, torpe en su accionar, es a la vez una persona que no respeta las leyes y, a veces, ni hasta la más mínima convivencia social. Todo lo complica; es experto en crear problemas de la nada. Reniega por todo; aborrece la iniciativa, no es emprendedor.

No es eficiente ni puntual en su trabajo. Siempre hace las cosas de mal modo o no las hace. No le importa si con su mal proceder afecta a los demás. Citaremos el ejemplo del Hospital Escuela, donde las enfermeras y doctores son indiferentes al dolor de los pacientes y los tratan como si fueran animales; en cambio, en sus clínicas privadas, al olor del dinero, los atienden con la mayor cortesía y diligencia del mundo.
Debido a que se han proliferado como una plaga de moscas, diremos que mediocres y delincuentes son aquellos que desde un púlpito engañan a los feligreses. Les hacen creer que donando dinero a la iglesia (o sea a ellos), Dios los bendecirá y recompensará. Llegan al extremo de estafar a todo el que se deja. Olvidan que a Dios se llega por una actuación correcta y que Él no es un vulgar banquero.

Ya sabemos que no se le pueden pedir peras al olmo, pero mediocres son los educadores que no brindan una educación de calidad a sus educandos. No los forman para que sean personas con sentido crítico ante la vida; al contrario, los someten y enajenan para que sean consumidores del injusto sistema de vida que tenemos. Estos profesores son mediocres hasta la médula, no investigan, no son lectores, no les interesa adquirir conocimiento; y, por lo tanto, son incapaces de transmitir amor por el saber.

Tengo una anécdota muy triste. No pude hacer leer 40 páginas del Quijote, durante toda una semana, a 36 profesores de español. Y cuando les planteé que debían haber leído miles de libros, se rieron en mi cara y entre otras expresiones, solo diré dos amables: “En qué mundo vive, aquí nadie lee” y “a mí no me gusta leer”, mostraron su desacuerdo por la lectura. Así que esta es una cadena de mediocridad, a ellos no los formaron como lectores, y obviamente tampoco están formando personas que amen leer. La ley de vida es dura pero cierta: no se puede dar lo que no se tiene.

El mediocre siempre se reúne con personas de igual condición: faltos de todo tipo de disciplina, son sinvergüenzas, andan buscando aprovecharse, generar ganancias deshonestas en cada ocasión que se les presente. Conozco una familia de 10 hijos, 8 son mujeres, que prefieren no comer en vez de trabajar, y el lugar donde viven es una casita en ruinas; no hacen absolutamente nada por mejorar sus condiciones de vida, no estudian ni trabajan. La pereza les corroe el alma.

El hondureño mediocre nunca aporta nada al bienestar común, no genera un trabajo de calidad. Es inoperante en todo aspecto. No es confiable. Vive tendiendo la mano constantemente; es especialista en ser pordiosero. Anda buscando que alguien le financie la vida, el gobierno, los familiares, etc.

Es lamentable cómo el sistema de vida consumista que vivimos genera mediocres a diestra y siniestra. A ello contribuyen los deplorables sistemas educativos, de salud y demás, que no poseen ningún tipo de incentivos para mejorar la calidad humana. La búsqueda de la excelencia no existe en estos hondureños.
¡Así como estamos, jamás construiremos un mejor país! La responsabilidad de un cambio recae en cada uno de nosotros.

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