sábado, marzo 7, 2026

CONTRACORRIENTE: Constitución, y Fuerzas Armadas

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Por: Juan Ramón Martínez

Después de los daños que Jorge Fortín le ha inferido al honor de las Fuerzas Armadas, el discurso de Roosevelt Hernández, al jurar el cargo de jefe del Estado Mayor, es muy alentador. Constituye un compromiso de un ciudadano, que transfiere a una institución a la que, la sociedad ha dado tareas que trascienden la individualidad de sus miembros. Las Fuerzas Armadas son una institución surgida de la Constitución, para defender la soberanía territorial, la superioridad de la ciudadanía sobre el poder; y, preservar la paz y la tranquilidad, dentro del Estado de derecho. Jurídicamente, las Fuerzas Armadas solo existen, como efecto de la Constitución. Antes de 1957, era guarnición de los caudillos políticos, en la disputa por el poder. Sus líderes, habían obtenido sus grados en las montoneras; y, forjado su legitimidad en la contienda fratricida. Desde 1957, tienen una naturaleza singular, cuya integración en la vida nacional, no estuvo exenta de sobresaltos; y, no pocos errores de algunos de sus altos oficiales.

Repetimos, su origen es la Constitución. La Constitución es más que un faro, más que una brújula. Es la razón de su existencia. Sin Constitución, no hay Fuerzas Armadas. Si desaparece la Constitución, estas desaparecen. Porque esta normativa, no solo constituye la cima de la pirámide jurídica del Estado de derecho. Es el pacto alrededor del cual se construye el Estado nacional, la expresión de la voluntad del pueblo para existir como nación; y contiene las bases en las que se mantiene la convivencia y se crean las estructuras que hacen posible el bienestar general, la seguridad colectiva y la influencia de Honduras en el mundo. La obediencia a la Constitución, no pasa por obediencia a persona alguna. La que en algún momento intentará modificarla, reducirla a sus caprichos; o usarla como medio para destruir al Estado nacional, haciendo pedazos a la nación hondureña. La obediencia entonces es a la Constitución, por encima de cualquier cargo, porque hacer lo contrario estaríamos ante la paradoja que se use la Constitución, para destruir a la Constitución. O cambiar el modelo de gobierno, abjurar del estado liberal de derecho, eliminando la libertad; y, la democracia. En esto, la Constitución es muy clara. La obediencia es a ella, a sus principios y normas generales. No a los titulares de los órganos del Estado, que más que representantes, son las expresiones de la soberanía, el imperio de la ley. Y de los principios del orden, la paz, la libertad y la democracia.

El jefe del Estado Mayor está, jerárquicamente subordinado al comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. De modo que, este solo tiene legitimidad para exigir obediencia a sus subordinados, cuando actúa dentro de la ley. Fuera de la ley, el cargo desaparece. Y en vez de obediencia, debe recibir atención y observación, para evitar que sus actos, atenten contra la paz, la libertad; o pongan en peligro, la existencia de la nación. De tal forma que los cargos, de Hernández y sus compañeros, no son una dádiva de la Comandante General que les obligue a la obediencia indebida e ilegítima, sino que fruto de los méritos de cada uno, de acuerdo a los reglamentos y leyes militares. Tampoco los titulares de los otros dos poderes del Estado o de los tribunales electorales, son la Constitución. No la representan nunca, sino que la expresan, porque lo son tal, en tanto que obedecen sus reglas, principios y disposiciones. Fuera de la Constitución, nada existe.

La Constitución de 1982, ha sido manoseada por medio mundo. JOH, la pisoteo, con obediencia militar. Dan la impresión que, no existe “una” Constitución, sino que tantas como permiten los caprichos de los que creen que pueden jugar nosotros, entregar el territorio y el honor nacionales, haciendo lo que quieren. Redondo cree que él, es la Constitución. Xiomara Castro, también. Igual que Raquel Obando. Todos se proclaman defensores de la Constitución. Pero los poderes del Estado, ahora no son independientes. Están subordinados. Por ello transgreden las normas constitucionales y suprimen los principios jurídicos de la convivencia, prevalidos de la idea que, una vez que el pueblo los elige, no tienen obligación de obedecer la ley. La Constitución, es la pirámide. La fuente de toda legitimidad. Defender la Constitución, general Hernández, es su tarea. No tiene otra. El 25 de enero, tiene su primera prueba.

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