La historia no se repite en Argentina, pero esta versión se le parece mucho. Alberto y Cristina Fernández vuelven este martes a la Casa Rosada. El primero como presidente y la última, cuatro años más tarde, como vicepresidenta. Los actos del traspaso de mando, en esta ocasión, no llegan acompañados de escándalos ni de negativas a entregar «los atributos del mando», como sucedió hace cuatro años. Mauricio Macri hará lo que su antecesora rechazó: pasará el testigo del bastón y la banda presidencial (una versión nueva) a su sucesor. En este caso, y por deseo del primer Fernández (Alberto), será en el Congreso.
La investidura de «los Fernández» se celebrará con ausencias importantes. La más sonada, quizás, sea el portazo de Jair Bolsonaro. El presidente de Brasil rechazó la invitación de asistir a los actos oficiales, pero ordenó a última hora que su vicepresidente, Hamilton Mourano viajara a Buenos Aires. El ministro Osmar Terra tuvo que anular un viaje y una agenda destinada a suavizar las tensiones bilaterales. El Gobierno de Fernández tendrá que hacer malabares para reconducir las relaciones con su principal socio comercial y evitar que el agónico Mercosur (Mercado Común Suramericano) desaparezca y con él se esfume el tratado de libre comercio con la UE.






