domingo, marzo 8, 2026

La Empresa Privada bajo una lluvia de misiles, ladridos y aullidos

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César Indiano

Los ataques contra el sector privado hondureño ya han comenzado y no van a parar. El Perro Amarillo que ahora se ha puesto una cotona roja, no se anduvo por las ramas y aseveró – con su tono endiablado – que Mateo Yibrín, el nuevo presidente del COHEP, es un lavador de activos y que las empresas que gerencia son pertenencia del Estado.

Dijo además que, si el COHEP no es capaz de auto sustentarse como institución representativa de los empresarios, lo que tendría que hacer esta entidad es cerrar. Pero el misil más mortífero lanzado contra la Empresa Privada provino de dos abogados rojos (diputados para más señas) que ahora les achacan a los empresarios los graves desbarajustes financieros que hoy sufre el gobierno. Con sus temerarias acusaciones los parlamentarios han dicho que los empresarios – y de forma especial los banqueros – son los verdaderos artífices secretos del Clan Hernández Alvarado.

Ramón Barrios Maldonado – diputado por Cortés – abogado de Marcelo Chimirri, Catedrático de Derecho Constitucional y exaltado justiciero de barracones, fue más lejos que el perro, dijo con un tono temerario que Mateo Yibrín ha sido aliado de Juan Orlando y que el Consejo Hondureño de la Empresa Privada ha integrado la estructura criminal que Hernández Alvarado y su esposa articularon para montar un Narco Estado.

Pero el premio gordo con respecto a los ataques anti empresariales se lo lleva Jari Dixon. El más calenturiento de la bancada roja (cuya principal tarea legislativa es derogar leyes a matacaballo) declaró sin empachos que la salida salomónica para salir de la tenebrosa situación de la ENEE es nacionalizar a las grandes proveedoras de energía.

Todos estos exabruptos mediáticos se nutren de dos fuentes, el error y la ignorancia. La crítica de mala entraña de todos los voceros izquierdistas se fundamenta en una doctrina completamente equivocada como esta: creer que todas las fortunas son robadas. Esta es la manera más fácil de desvirtuar la bonanza de los otros y de paso excusar la propia miseria escondiéndola en las sombras de la infamia. Pero no es atribución mía enderezar los dañados cerebros de personajes cuya fama se fundamenta en el dislate, yo apenas puedo cooperar para que su ignorancia no se vuelva viral.

Comencemos: El COHEP se nutre de las pequeñas cuotas que aportan las 70 organizaciones que constituyen su estructura gremial; intenta con estos pírricos recursos ser un escudo político contra los ataques permanentes que provienen del sector público y de la prensa ideológica. Como el COHEP no es una entidad millonaria se abre paso en la opinión pública a través de ideas, pensamientos y propuestas de carácter económico para que el país no elija los caminos torcidos del estatismo totalitario, del estrangulamiento tributario y de la arbitrariedad administrativa.
El COHEP se ha dedicado a esto desde el día uno, es decir, desde 1967 cuando fue fundado por el memorable empresario Gabriel Mejía López.

Efectivamente, los presidentes de la Cúpula Empresarial se han mantenido cerca de la figura presidencial porque los gobiernos de todos los tiempos (rojos, azules o verde olivo) han usado el varapalo del Estado para reprimir, callar, controlar y condicionar la libertad empresarial. Tiene razón el abogado Barrios cuando dice que Mateo Yibrín y Juan Carlos Sikaffy se han mantenido cerca de Juan Orlando, pero se queda corto, de igual modo otros presidentes del organismo como Luis Larach, Aline Flores, Santiago Ruiz, Amílcar Bulnes, Mario Canahuati y Juliette Handal también se mantuvieron cerca de Porfirio Lobo Sosa, de Manuel Zelaya Rosales y de Ricardo Maduro Joest.

¿Por qué y para qué los presidentes del COHEP se mantienen cerca de los presidentes? Simple, porque es más fácil defender los intereses del sector productivo controlando desde adentro los disparates de los políticos. No existe otra razón. Sin la vigilancia, la presión y el ojo atento de los empresarios no habría manera de frenar a esa apetitosa plaga de langostas que ocupa los puestos públicos cada cuatro años. Es gracias a los empresarios que todavía hay país, que si fuera por los saqueos políticos reiterados Honduras ya estaría debajo de Haití y más jodida que Burundi.

De 70 asociaciones que aportan al COHEP ninguna está dedicada al narcotráfico, ninguna vive de la siembra de marihuana y ninguna tiene como propósito perjudicar a Honduras. Todos los gremios de comerciantes e industriales que integran la Cúpula Empresarial Hondureña siembran palma, forrajes, calabazas, semillas, naranjas, caoba, ocra, camarón, maíz, melón y sandía. Mateo Yibrín es un admirable cultivador de caña y Tres Valles – su compañía de azúcar – se considera un modelo de trazabilidad en Centroamérica.

Me extraña que el abogado rojo, siendo sampedrano, no conozca la reconocida trayectoria empresarial de la familia Yibrín Canahuati. No sólo eso, Yibrín cuenta con el aprecio y el respeto de todo el sector azucarero y de todo el gremio deportivo de San Pedro Sula.
¿Sabe el perro quien es Juan Carlos Sikaffy y desde cuando la Familia Sikaffy Canahuati moviliza la industria del cemento y el acero proveyendo con alta eficiencia al sector construcción? ¿Sabe el abogado rojo sobre la vida y obra de Edmon Bográn Rodríguez y el giro urbano que tuvo la Capital Industrial bajo la inspiración de este visionario? ¿sabrá el arrebatado Jari Dixon quien era don Luis (Chito) Kafie y qué representa su legado en la nueva estructura económica de hoy? No lo creo.

Estos críticos exaltados (temerarios y bulliciosos) son incapaces de comprender que las naciones se hacen con cemento, sembradíos, acero, energía, motores, grúas, tractores, zafras, camiones y asfalto. No avanza un país con legisladores que aborrecen a los empresarios ni con periodistas que cultivan la ignominia. Las cosas que funcionan en Honduras las hacen los empresarios – las que no – están en manos de los políticos. Llega luz a nuestras casas porque los empresarios la producen, si fuera por los políticos, ya estaríamos alumbrando nuestras casas y almacenes con hachones de ocote.

Hace más o menos 40 años el Estado tenía más de cinco bancos estatales y todos fueron quebrados y saqueados por los políticos de turno. En los comienzos de los ochenta todavía estaba intacta la estructura productiva que los militares crearon en nombre de las infructuosas utopías socialistas y qué pasó, los funcionarios de aquellos años quebraron el agro, llevaron a la ruina a la industria maderera y arruinaron las industrias tradicionales de la caña, el algodón, la pesca, el destace y la peletería. Gracias a los delirios bien intencionados de los marxistas se fueron a la bancarrota los zapateros, los carpinteros, los herreros, los labradores, los algodoneros y los talabarteros.

Todo lo que había funcionado bien hasta 1970 – incluyendo la banca y el comercio – se fue a la mierda cuando aparecieron los incuestionables planificadores de la pobreza. Honduras es un país rico manejado erróneamente por una casta política saqueadora, voraz, innoble y ladrona. Los sagrados excedentes de la productividad generada por la gente que aun trabaja en canteras, ladrilleras, maquilas, minas y fábricas no se transforman jamás en bienestar para los trabajadores porque la prioridad de los políticos es saciar las enormes gargantas de una inepta y colosal burocracia ¿De donde sale el multisalario de abogados rencillosos y de los charlatanes del micrófono? Ya basta de esas tristes banderas que ondean la igualdad del harapo, ya basta de enfebrecidas consignas que critican una realidad imaginaria.

Paremos los comentarios dogmáticos y las mordeduras ideológicas envenenadas. El dinero lo produce el que trabaja, lo mueve el que invierte, lo procesa el que vende, lo duplica el que ahorra y lo triplica el que exporta. Aquí no hay misterios ni brujerías metafísicas; en cualquier país del mundo el dinero lo producen los empresarios y los políticos se lo comen. Está en el ADN de los socialistas no únicamente negar los frutos del trabajo sustentable sino también codiciar los bienes ajenos, especialmente aquellos que se pueden expropiar para soplar y hacer bombitas.

Por último; el COHEP cumple profesionalmente su función de coordinar con los empresarios el cobro de las especies fiscales cuyo 72% ingresa a las arcas del Estado. Con el otro 28% el COHEP cubre los costos de las operaciones administrativas de esta concesión. Te garantizo esto perro, si mañana integras una comisión de políticos para que se ocupen de esta tarea recolectora, los dineros se harían humo en los dedos de tus camaradas.

El COHEP podría – si ese fuera el caso – triplicar la eficiencia de otras captaciones y retenciones porque el Sector Privado trabaja con cuentas claras y tratos directos, pero la Cúpula Empresarial no es un ente burocrático, es apenas un organismo que trabaja con ideas, gráficos, estadísticas y recuentos. Los números no engañan perro; ya deja de ladrar incoherencias y averigua quien elabora los dulces panes que llegan a tu mesa.

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