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La pandemia incrementa mendicidad y trabajo infantil en ciudades hondureñas.

“Hago 130 o 150 lempiras a diario, pero me vengo caminando desde Chamelecón y también me voy a pie para no gastar en pasaje porque si no, me quedaría menos dinero y lo que aquí hacemos es para la comida”, relató un menor en situación de calle.

Desde los cinco años deambula por las calles sampedranas, al norte de Honduras, limpiando los vidrios de los carros en semáforos, alternando esta labor junto a dos hermanos.

Los tres hermanos son los encargados de llevar dinero a su hogar para contribuir con los gastos en la alimentación y el pago de servicios públicos y aunque es riesgoso no desisten de la labor porque no tienen otra alternativa, según el pequeño de apenas ocho años de edad.

404 mil niños entre cinco a 17 años realizan mano de obra infantil, las zonas con mayor demanda son San Pedro Sula y Tegucigalpa.

Pero para el caso de la zona norte muchos se dedican a la mendicidad y a trabajar en la calle, en su mayoría a limpiar vidrios de vehículos o a hacer malabares en los semáforos.

Una vida dura que se repite en cada generación es lo que deja la desatención a los hogares más pobres del país.

EL REZAGO QUE DEJA LA CRISIS

“Aunque abriéramos las escuelas en estos momentos, va a ser difícil que estos niños que ya se encuentran trabajando regresen al sistema educativo, es probable que esto genere para los próximos años un retroceso en lo que habíamos logrado avanzar en materia de trabajo infantil”.